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La última lágrima de la esposa fea romance Capítulo 1062

David la miró de reojo con una sonrisa dibujada en sus delgados labios.

—¡En ese entonces eras menor de edad!

Esmeralda frunció el ceño. Al recordar aquella época, le venía a la memoria lo que Santiago Montes le había dicho: que él se había ido al extranjero poco tiempo después. ¿Cómo sabía entonces que ella ya sentía algo por él desde aquellos días?

Como si David leyera sus pensamientos, añadió:

—Me mirabas fijamente con esos ojos grandes, como si temieras que los demás no notaran tus intenciones.

Al instante, Esmeralda sintió que quería que la tierra se la tragara y le respondió de mal humor:

—¿Qué tonterías estás diciendo?

La sonrisa de David se ensanchó un poco más y, con tono relajado, le devolvió la pregunta:

—¿Tonterías?

Esmeralda clavó sus ojos en él.

—Lo recuerdas con tanto detalle. ¿Debería decir que tienes buena memoria o que eres muy superficial?

David sonrió y admitió con franqueza:

—Puedes decir ambas cosas.

Esmeralda se quedó sin palabras.

David continuó:

—Admito que soy superficial. ¿A quién no le gusta la belleza? Si yo no fuera guapo, ¿me habrías mirado dos veces?

Con la mirada ensombrecida, Esmeralda apartó los ojos, giró la cabeza hacia la ventana y guardó silencio.

El interior del auto se sumió en el silencio durante unos segundos.

—Sé que en el pasado te hice mucho daño y no voy a negar las cosas que hice, pero ahora quiero que te quedes a mi lado.

Las palabras del hombre llegaron a sus oídos. Esmeralda bajó la mirada, permaneciendo en silencio, mientras sus manos descansaban sobre sus piernas, apretándose con fuerza.

—Aunque sea por Isa, dame y date una oportunidad.

Otro momento de silencio los envolvió.

Después de un buen rato, Esmeralda habló lentamente:

Capítulo 1062 1

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