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La última lágrima de la esposa fea romance Capítulo 22

Clara detuvo el paso, con una mirada de sorpresa en los ojos.

Esmeralda miró a Clara. Llevaba ropa de yoga que delineaba perfectamente su figura esbelta y agraciada. Su piel era blanca y suave, piernas largas, cintura breve; unas curvas tan perfectas que no se les podía encontrar defecto.

Llevaba el cabello en un chongo alto, y su rostro al natural lucía exquisito, sin una sola mancha.

Era el tipo de belleza que haría palpitar el corazón incluso a una mujer, ni hablar de los hombres.

En cuanto Esmeralda la vio, bajó la mirada involuntariamente. La conversación que acababa de escuchar resonaba en sus oídos, provocándole un dolor agudo en el pecho. Aceleró el paso y salió de ahí.

Clara se quedó parada, observando la actitud acomplejada de Esmeralda. Una sonrisa fría y apenas perceptible se dibujó en sus labios, aunque en el fondo no sintió ninguna satisfacción real; al fin y al cabo, una mujer gorda y fea como esa no era rival para ella.

Quitarle a David a una mujer así de desagradable no había representado ningún reto.

—Clara, ¿qué pasa? —preguntó su amiga Valeria al ver que no se movía.

Clara disimuló su expresión al instante, volviendo a su fachada dulce y hermosa.

—Nada.

Esmeralda se tomó un momento para controlar sus emociones antes de buscar a Valentina.

—Vale, vámonos.

Valentina no notó nada extraño en ella.

Bajaron en el elevador y fueron al supermercado dentro del centro comercial para comprar algo de despensa. Esta vez, Esmeralda insistió en pagar y Valentina no discutió.

Salieron del centro comercial.

Cuando se disponían a pedir un taxi, vieron una silueta llamativa a lo lejos.

Frente a un auto deportivo de lujo, un hombre estaba recargado en la puerta. Tenía unas proporciones físicas superiores, vestía un suéter ligero de cachemira gris claro y unos pantalones de corte recto que resaltaban sus largas piernas. Un cuerpo de proporción áurea, un rostro atractivo y un aura de elegancia innata que gritaba «clase alta» desde los huesos.

Con el auto millonario detrás y un reloj en la muñeca que valía una fortuna, la riqueza solo aumentaba su encanto de hombre maduro y poderoso.

Simplemente estaba ahí parado, quieto, mientras la brisa lo rodeaba. Parecía oler a dinero. La gente que pasaba no podía evitar voltear a verlo con asombro.

Solo que el aire de frialdad y distancia que proyectaba hacía que nadie se atreviera a acercarse.

—Ese es David —dijo Valentina.

Esmeralda volvió a la realidad.

Capítulo 22 1

Capítulo 22 2

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