Esmeralda miró a su padre y dijo:
—Papá, yo sé lo que hago, no te preocupes por mis cosas. Mejor tú y Valentina cuiden bien al bebé.
Manolo la miró queriendo decir algo más, pero fue interrumpido.
—¿De qué tanto platican?
Era la voz de Valentina.
Manolo dio un respingo y miró a su esposa.
—De nada, solo platicando.
Valentina se le quedó viendo fijamente a Manolo, quien le devolvió una sonrisa nerviosa. Esmeralda los observó, sintiendo que el ambiente estaba raro.
—Esme, trabajaste hasta tarde, ¿tienes hambre? ¿Te preparo algo de cenar? —preguntó Valentina.
—No tengo mucha hambre, ya me voy a subir, quiero descansar temprano.
—Está bien, fue un día pesado.
Esmeralda se levantó y subió a su habitación.
Valentina clavó la mirada en Manolo, quien se sentía culpable.
—Vieja, ¿por qué me ves así? De verdad no dije nada malo.
Valentina le advirtió:
—Manolo, te lo digo en serio: aunque Esme quiera empezar una nueva vida, primero tiene que divorciarse. David es un sinvergüenza y tiene los medios para hacer lo que quiera. Si Esme anda con alguien más estando casada, él lo va a usar para destruir su reputación. ¿Y entonces qué vas a hacer?
Manolo bajó la mirada.
—A mí se me hace que a Inés le vale gorro el prestigio de Esme —dijo Valentina indignada—. Se muere de ganas de que Esme ande con otro para que se le arme un escándalo y David se divorcie de ella.
—Vale, creo que estás exagerando —respondió Manolo—. Al fin y al cabo es su madre.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La última lágrima de la esposa fea
Me tiene la trama Encantada es un a lástima q cobren para poder seguir en la trama es una delas pocas novelas q tiene diferentes trama no hay mujer sumisa espero poder seguir gracias...