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La última lágrima de la esposa fea romance Capítulo 888

David Montes apretó la mano de la mujer. Con una mirada penetrante, sentenció:

—Ya que has tomado una decisión, no te arrepientas.

Esmeralda de la Garza desvió la mirada y guardó silencio, sin responder a sus palabras.

Al despertar, Isa se enteró de que sus padres iban a tener una boda. Al principio estaba desanimada porque no quería separarse de ellos ese día, no sabía cuándo volverían a jugar con ella y temía que volvieran a alejarse en cualquier momento. Sin embargo, cuando escuchó a su padre decir eso, sus ojitos se iluminaron al instante.

—¡¿Papá y mamá se van a casar de nuevo?! —preguntó Isa, emocionada.

David le acarició la cabecita.

—¿Estás feliz, mi amor?

Isa sonrió tan ampliamente que sus ojos se formaron como dos medias lunas.

—¡Sí, muy feliz! —Luego miró a su madre, sonriendo y mostrando sus pequeños dientes blancos.

Al ver la sonrisa de su hija, Esmeralda no pudo evitar que las comisuras de sus labios también se elevaran.

De repente, Isa volteó a mirar a su padre.

—Si papá y mamá se van a casar, ¿papá ya le propuso matrimonio a mamá?

David se detuvo un momento antes de contestar:

—Papá lo preparará cuando regrese de su viaje de trabajo.

—¡Entonces papá tiene que terminar de trabajar rápido y volver! —exclamó la niña.

—De acuerdo.

—¿Podré ser la niña de las flores de papá y mamá?

—¡Por supuesto que sí!

...

Isa estaba tan emocionada que saltaba de alegría. Le dio un beso a su mamá y luego otro a su papá. ¡Al fin sus padres no volverían a separarse!

—¡Quiero estar siempre junto a papá y mamá!

En ese instante.

Esmeralda pudo sentir la felicidad genuina de Isa, sin rastro de esa cautela y vulnerabilidad que solía tener.

El mayordomo trajo el desayuno.

Isa, muy feliz, se comió un par de empanadas más.

—Si ya estás llena, no comas más —dijo Esmeralda, quitándole la empanada de las manos.

Isa frunció los labios, esperando que Esmeralda se los limpiara.

Esmeralda sonrió y tomó una servilleta de papel para limpiar los labios llenos de aceite de la niña.

Después de desayunar.

David recibió una llamada de Marisa Guzmán.

Ya había llegado a la planta baja del hotel.

Esmeralda evitó su mirada, extendió las manos para pasar la corbata por el cuello de él. Sus dedos rozaron su piel, provocando que él se tensara de inmediato.

Con una sonrisa asomando en sus labios, el hombre susurró:

—¿Por qué tan nerviosa? No estamos en la cama.

Esmeralda lo fulminó con la mirada, apretando la corbata con ganas de estrangularlo ahí mismo.

David parecía adivinar los pensamientos de la mujer, pero no los evidenció. En cambio, le instruyó con paciencia:

—Pásala por aquí.

Al momento de hacer el nudo final, Esmeralda tiró hacia arriba con fuerza, ajustándolo casi hasta asfixiarlo.

David no cambió su expresión.

—No hace falta que seas tan despiadada.

Esmeralda apartó las manos, sin ganas de responderle.

David se aflojó un poco el nudo con los dedos.

—¡Vamos!

No había mucho que empacar.

Solo llevaba en la mano una enorme bolsa con los peluches que habían atrapado el día anterior.

Isa tomó a sus padres de las manos y subieron al ascensor.

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