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La última lágrima de la esposa fea romance Capítulo 896

La empleada respondió: —La Srta. Nájera aún no se ha despertado.

Esmeralda asintió y se levantó para dirigirse al baño.

Después de darse un buen baño de tina y arreglarse, salió sintiéndose mucho más despabilada.

La empleada se acercó nuevamente llevándole su tablet: —Señora, es una videollamada del señor.

Esmeralda miró la pantalla que mostraba "esperando conexión", se quedó en silencio un instante, extendió la mano para tomarla y, finalmente, presionó el botón de aceptar.

El apuesto rostro del hombre apareció en la pantalla. Estaba recargado en la cama, vistiendo una pijama de seda con el cuello ligeramente abierto que dejaba entrever sus sutiles clavículas y músculos pectorales.

Al verla, David preguntó: —¿Cuánto tomaste anoche?

Esmeralda caminó hacia el clóset con la tablet en mano y respondió: —No mucho.

Dejó la tablet sobre el tocador y tomó un cepillo para desenredarse el cabello. A través de la pantalla, los profundos ojos de David se clavaron en ella, observando su impecable perfil mientras el peine de madera se deslizaba lentamente por su largo cabello, dejando al descubierto la delicada línea de su cuello y, más abajo, la ligera curva que asomaba bajo el escote.

Él comentó: —Si no tomaste mucho, ¿entonces te acuerdas de lo que dijiste anoche?

Al oír eso.

Esmeralda detuvo el movimiento del cepillo.

La verdad era que no recordaba con exactitud qué había dicho la noche anterior, pero tenía el vago recuerdo de haberse desahogado insultando a David. Giró la cabeza de golpe para clavarle la mirada al hombre en la pantalla; ¿qué insinuaba al preguntarle eso tan de repente?

David observó a través de la pantalla la confusión y el recelo en los ojos de la mujer, y sus delgados labios se curvaron en una imperceptible sonrisa mientras seguía presionando: —¿No te acuerdas?

Esmeralda contraatacó: —¿Acaso me estás vigilando?

En realidad, ella sabía que la empleada hablaba de vez en cuando con David por teléfono y, aunque no le había dado mayor importancia, en ese momento no tenía la más mínima intención de contestar a su pregunta.

David, viéndola de repente tan molesta, simplemente soltó una ligera carcajada y dijo: —Tampoco es para que lo llames vigilar.

—Pero quién sabe si una persona con una voluntad tan frágil como la tuya no regresará y decidirá aplicarme la ley del hielo de nuevo.

Esmeralda frunció el ceño y miró fijamente al hombre en la pantalla. Esa capacidad suya de leer sus emociones de un solo vistazo la irritaba sobremanera; apartó la mirada y replicó: —Hablas como si me conocieras a la perfección.

David respondió: —Lo suficiente.

De pronto, a Esmeralda se le quitaron las ganas de seguir hablando con él.

—Ya voy a colgar.

Capítulo 896 1

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