Al ver a Paula tan desconcertada y perdida, Esmeralda se volvió hacia la empleada y le siguió preguntando: —¿Tuvo Enzo alguna reacción fuera de lo común?
Ante esa pregunta, la empleada no supo ni cómo responder.
Esmeralda frunció el ceño y miró preocupada a Paula. Justo cuando no sabía qué más decirle, Paula de pronto golpeó la cama con ambos puños y soltó: —Pues ya lo besé, ¿y qué tiene de malo? Tampoco es como si no lo hubiera besado antes.
Al ver que se lo estaba tomando de buena manera, Esmeralda respiró un poco más aliviada: —Entonces levántate a arreglarte para que desayunemos.
Salió de la habitación, y la empleada comenzó a preparar el desayuno.
En ese momento.
Sonó el timbre de la puerta.
La empleada fue a abrir.
Enzo miró a la empleada y preguntó: —¿Ya se despertaron?
La empleada respondió: —La señora está en la sala.
Esmeralda escuchó el ruido en la entrada y acto seguido vio a Enzo entrar por la puerta.
Él la miró, dio un paso al frente, la inspeccionó de arriba abajo, y al ver que su aspecto no denotaba ningún problema, se detuvo y le preguntó: —¿Te sientes mal de algo? ¿Quieres que vayamos al hospital a que te revisen?
Esmeralda lo miró fijamente y le preguntó: —¿No ibas a regresar a Valdemar?
Enzo respondió: —Me voy en la tarde.
Esmeralda ya no le preguntó más y se sentó en el sofá.
Enzo la siguió y se sentó a su lado, y como un viejo gruñón, empezó a recitarle: —No deberías tomar tanto tequila si no hay motivo, beber en exceso hace mucho daño. Ahora mismo lo que más deberías estar haciendo es cuidar tu salud; y si tantas ganas tienes de tomar, toma menos, solo para probar el sabor y ya.
Esmeralda escuchó en silencio los reproches del hombre, sin pronunciar palabra.
—Apenas nadie te vigila, pierdes por completo el control. Sigues siendo la misma niña de siempre.
Ese tono; parecía que ante sus ojos, ella siempre sería una niña inmadura que necesitaba que la estuvieran supervisando.
—...
Esmeralda frunció el ceño, ensombreciendo su mirada.
Al ver que no respondía en absoluto, él terminó por preguntar: —¿Y Paula?
Las pupilas oscuras de Enzo se contrajeron: —Paula... tú...
Paula asintió con la cabeza y plantó sus labios directamente sobre los del hombre.
Esta vez era un beso robado en plena sobriedad, con una fuerza e ímpetu incluso más brutales que los de la noche anterior.
El rostro de Enzo cambió drásticamente, y con los ojos muy abiertos, clavó la mirada en la mujer que tenía enfrente.
Con ambas manos la tomó por los hombros y aplicó un poco de fuerza.
—Paula, ¿qué estás haciendo?
Paula se aferró con fuerza al cuello de su camisa, con la respiración agitada y la mirada enrojecida fija en él.
—Enzo, ¿sabías que quiero acostarme contigo?
Las oscuras pupilas de Enzo se estrecharon y, con voz grave, le espetó: —Paula, ¿tienes idea de lo que estás diciendo?
Paula soltó el cuello de su camisa, pero le agarró la mandíbula con los dedos; sus ojos color ámbar se clavaron directamente en él, mientras que con el movimiento, su largo cabello ondulado caía sobre el hombro de Enzo.
—Los dos somos adultos, y no es como si no nos hubiéramos acostado antes; tampoco es nada de lo que haya que avergonzarse. ¿O acaso resulta que ahora ya eres impotente, Enzo?

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La última lágrima de la esposa fea
Hola! Los capítulos 490 en adelante están incompletos Gracias x tus esfuerzos x traducir las novelas. Excelente trabajo...
Cuando continúan con el resto de la historia increíble que lo dejen a uno así....
Cuando la se actualiza?...
Me tiene la trama Encantada es un a lástima q cobren para poder seguir en la trama es una delas pocas novelas q tiene diferentes trama no hay mujer sumisa espero poder seguir gracias...