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La última lágrima de la esposa fea romance Capítulo 907

Esmeralda no lo negó.

El tono de David se volvió algo más severo.

—No seas tan curiosa. Hay cosas por las que es mejor no preguntar.

Incluso alguien como David guardaba silencio al respecto, y ni siquiera Cintia se atrevía a devolver a Viola a la familia Quintana. Evidentemente, el asunto no era nada sencillo.

Esmeralda desvió la mirada hacia lo lejos y observó a Viola, que permanecía sentada en silencio en el columpio. Un peso se instaló en su pecho.

Luego, escuchó a David añadir:

—No te lances a ser la buena samaritana. No puedes encargarte de todos los problemas del mundo.

Esmeralda frunció el ceño.

—Nunca dije que fuera a encargarme de nada.

—A mí me parece que te mueres de ganas de hacerlo.

—David, ¿tienes idea de lo fastidioso que eres?

—Sí, lo sé. Mientras no te parezca fastidioso en la cama, todo está bien.

—...

Bajó el teléfono y colgó sin dudarlo. El pecho le subía y bajaba agitadamente. Cada vez que hablaba con él por teléfono, terminaba perdiendo la paz.

Tardó un buen rato en calmarse antes de darse la vuelta y caminar hacia Paula. Le pidió que se adelantara a casa.

—Está bien.

Esmeralda se sentó en el columpio junto a Viola. Sentía una genuina curiosidad por saber qué tipo de atrocidades había sufrido una chica tan frágil y hermosa en la familia Quintana como para que hasta David se negara a hablar.

Eran alrededor de las nueve y media.

Justo cuando Esmeralda ayudaba a Viola a regresar a la habitación, Santiago volvió a la mansión.

—Esme.

Ella se dio la vuelta y vio a Santiago. A su lado venía Cintia, vestida con un elegante y recatado vestido largo de color blanco.

—Viola.

Al escuchar la voz de Cintia, Viola extendió las manos apresuradamente. Su voz se quebró de repente:

—Hermana, hermana, ¿estás bien?

Cintia se adelantó rápidamente y le tomó las manos.

—Estoy bien —dijo. Luego, miró a Esmeralda y le agradeció—: Gracias, señora de la Garza, por cuidar a mi hermana.

Esmeralda sonrió amablemente.

—No fue nada, solo ayudaba un poco.

Cintia no añadió nada más.

Esmeralda miró a Santiago.

Capítulo 907 1

Capítulo 907 2

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