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La última lágrima de la esposa fea romance Capítulo 929

David colgó y la miró:

—Vámonos, primero te llevaré a casa.

Esto sorprendió a Esmeralda, pues pensó que él haría hasta lo imposible por llevársela a ese viaje. Justo cuando ella apartó la mirada, lo escuchó preguntar:

—¿Quieres venir?

Esmeralda avanzó:

—Mejor llévame a casa de una vez.

David se apresuró a alcanzarla y la tomó de la mano.

Media hora después.

Volvieron al departamento.

El mayordomo acomodó todas sus compras en la sala.

David fue al vestidor a cambiarse.

Tras arreglarse y peinarse con ayuda del personal, pasaron casi cuarenta minutos.

Esmeralda lo esperaba en la sala.

Lo vio salir luciendo como un ejecutivo de élite. Llevaba la corbata suelta en la mano, lo único que le faltaba por ajustar en el cuello de la camisa.

David la miró:

—Ven aquí.

Esmeralda dudó unos segundos, pero se levantó y se acercó a él. Tomó la corbata, la pasó alrededor de su cuello y comenzó a hacerle el nudo.

David la observó con ternura y le advirtió:

—Esta vez no me aprietes tanto.

Al escucharlo, Esmeralda se detuvo y lo miró a los ojos, tan profundos y oscuros como la noche:

—Gracias por el recordatorio.

David enarcó una ceja.

En el último tirón, Esmeralda apretó el nudo a propósito. Sin embargo, justo cuando iba a retirar las manos, el hombre la sujetó por las muñecas. Con la otra mano le rodeó la cintura, la jaló hacia sí y la pegó contra su pecho. La abrumadora presencia del hombre cayó sobre ella junto a un aliento abrasador.

Sus ojos se entrecerraron:

—Sabía que tramabas algo.

Esmeralda lo encaró, desafiante:

—¿Acaso eres tan frágil?

Él curvó los labios en una sonrisa, acercándose a su oído para murmurar con voz ronca:

—Si usaras estas malas intenciones en la cama, me haría muy feliz.

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