David colgó y la miró:
—Vámonos, primero te llevaré a casa.
Esto sorprendió a Esmeralda, pues pensó que él haría hasta lo imposible por llevársela a ese viaje. Justo cuando ella apartó la mirada, lo escuchó preguntar:
—¿Quieres venir?
Esmeralda avanzó:
—Mejor llévame a casa de una vez.
David se apresuró a alcanzarla y la tomó de la mano.
Media hora después.
Volvieron al departamento.
El mayordomo acomodó todas sus compras en la sala.
David fue al vestidor a cambiarse.
Tras arreglarse y peinarse con ayuda del personal, pasaron casi cuarenta minutos.
Esmeralda lo esperaba en la sala.
Lo vio salir luciendo como un ejecutivo de élite. Llevaba la corbata suelta en la mano, lo único que le faltaba por ajustar en el cuello de la camisa.
David la miró:
—Ven aquí.
Esmeralda dudó unos segundos, pero se levantó y se acercó a él. Tomó la corbata, la pasó alrededor de su cuello y comenzó a hacerle el nudo.
David la observó con ternura y le advirtió:
—Esta vez no me aprietes tanto.
Al escucharlo, Esmeralda se detuvo y lo miró a los ojos, tan profundos y oscuros como la noche:
—Gracias por el recordatorio.
David enarcó una ceja.
En el último tirón, Esmeralda apretó el nudo a propósito. Sin embargo, justo cuando iba a retirar las manos, el hombre la sujetó por las muñecas. Con la otra mano le rodeó la cintura, la jaló hacia sí y la pegó contra su pecho. La abrumadora presencia del hombre cayó sobre ella junto a un aliento abrasador.
Sus ojos se entrecerraron:
—Sabía que tramabas algo.
Esmeralda lo encaró, desafiante:
—¿Acaso eres tan frágil?
Él curvó los labios en una sonrisa, acercándose a su oído para murmurar con voz ronca:
—Si usaras estas malas intenciones en la cama, me haría muy feliz.
A la mañana siguiente.
Esmeralda revisó su celular en la mesa de noche. No había un solo mensaje.
Lo dejó en su lugar y se quitó las cobijas para levantarse.
Después de desayunar.
La empleada ya había empacado y preparado su equipaje. David le había programado un vuelo que despegaba a la una de la tarde.
A las once.
El chofer ya la aguardaba abajo.
El mayordomo empujó las maletas y la acompañó hasta el vehículo. Esperó a que ella subiera y la despidió con la mirada.
Tras avanzar un buen tramo en el auto.
Viendo las calles pasar rápidamente por la ventana, Esmeralda sacó su celular, abrió su lista de contactos y marcó el número de David.
Nadie contestó y la llamada se cortó sola.
Esmeralda bajó el teléfono, frunciendo el ceño al mirar la pantalla. Volvió a marcar de inmediato, pero la respuesta fue la misma: silencio.
De pronto.
Su respiración se volvió pesada.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La última lágrima de la esposa fea
Hola! Los capítulos 490 en adelante están incompletos Gracias x tus esfuerzos x traducir las novelas. Excelente trabajo...
Cuando continúan con el resto de la historia increíble que lo dejen a uno así....
Cuando la se actualiza?...
Me tiene la trama Encantada es un a lástima q cobren para poder seguir en la trama es una delas pocas novelas q tiene diferentes trama no hay mujer sumisa espero poder seguir gracias...