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La última lágrima de la esposa fea romance Capítulo 935

Esmeralda recogió rápidamente los documentos frente a ella.

Gavin observó sus movimientos, esbozando una ligera sonrisa.

—¿Tan ocupada? —Gavin se acercó y dejó la bolsa térmica sobre la mesa. La abrió y sacó unos tamales—. Te traje algo de cenar. Fui a comprarlos especialmente a la Calle San Martín.

Esmeralda miró el recipiente que le ofrecía, dejó los documentos y extendió la mano para tomarlo.

—Gracias.

Gavin se recostó en el sillón individual de al lado. Echó un vistazo a los documentos, pero no hizo ademán de agarrarlos para leerlos.

—¿Qué sucede? —preguntó ella.

Gavin retiró la mirada y la fijó en ella.

—Vine a verte. Temía que estuvieras demasiado afligida, pero al verte así, Evelynn, me quedo más tranquilo.

Esmeralda dio un bocado a los tamales, dejó el recipiente y lo miró a los ojos.

—Ve al grano.

La expresión de Gavin se volvió seria y su tono, sumamente formal.

—La verdad es que quiero hablar de algo contigo. Evelynn, es mejor que te prepares para el peor de los escenarios. Ya no sé cuántas personas tienen los ojos puestos aquí. Las deudas del banco no tardarán en llegar, y si los clientes empiezan a retirar sus fondos, las pérdidas serán astronómicas. No serás capaz de soportarlo, Evelynn.

Esmeralda frunció el ceño.

—Entonces, ¿qué intentas decir, Gavin?

—Eres una mujer inteligente, Evelynn, y sabes a lo que me refiero. Por lo menos, te garantizo que obtendrás la parte que te corresponde.

Su voz era sumamente calmada.

—O sea que sugieres que tome el dinero y me vaya, ¿verdad?

Gavin no respondió, lo que ella tomó como un sí.

Esmeralda apartó la mirada. Pensando desde la perspectiva de Gavin, su propuesta no tenía ninguna falla. Si le cedía las acciones y le daba el poder absoluto, él, con sus habilidades, sería capaz de estabilizar la situación.

Y ella, por su parte, podría irse con una gran suma de dinero sin tener que hundirse en aquel pantano de peligros. En efecto, era una buena salida que los beneficiaba a ambos.

—Gracias por la cena. Si no hay nada más, te pediré que te retires, Gavin.

Él supo que ella no estaba dispuesta a ceder.

—Evelynn...

Esmeralda se quedó a dormir en la oficina, pero fue incapaz de conciliar el sueño. En cuanto cerraba los ojos, aparecía la imagen de David Montes despidiéndose de ella.

Al abrir los ojos.

La inmensa y vacía oficina estaba envuelta en un silencio sepulcral. Bajo la luz tenue, parecía como si unas densas sombras amenazaran con tragarla viva. Encendió todas las luces al máximo.

Miró el reloj de la pared; ya era la una y media de la madrugada.

En ese momento.

La pantalla de su celular se iluminó.

Esmeralda se acercó rápidamente, lo tomó y vio un mensaje de Enzo Catalán: *Esme, ya llegué.*

Enzo quería llamarla, pero temía interrumpir su descanso, así que optó por dejarle un mensaje.

Al leerlo, ella cerró la aplicación y lo llamó de inmediato.

Él contestó al instante. Su voz sonaba preocupada.

—¿Aún no te has ido a dormir?

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