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La última lágrima de la esposa fea romance Capítulo 947

Esmeralda entró a la habitación de Isa.

La pequeña ya estaba profundamente dormida. Tenía lágrimas en las comisuras de los ojos y parecía tener un sueño inquieto, pues no paraba de balbucear:

—Papá... Mamá...

Esmeralda se sentó en el borde de la cama y acarició con ternura las mejillas de la niña. Sintió que un dolor agudo y punzante le atravesaba el corazón.

Se quitó los zapatos con cuidado y se recostó a su lado, comenzando a darle suaves palmaditas en la espalda. Como si lo presintiera, Isa se dio la vuelta y se acurrucó instintivamente en los brazos de su madre.

Esmeralda rodeó con firmeza el diminuto cuerpo de su hija y la abrazó.

Isa durmió por dos horas antes de despertar. Al abrir los ojos y ver a su mamá a su lado, el sueño se le esfumó por completo. Se frotó los ojos para asegurarse de que no estaba soñando y, al confirmar que era ella, exclamó con emoción:

—¡Mami!

Esmeralda abrió los ojos, acarició su cabecita y le preguntó con dulzura:

—Ya despertaste, mi niña. ¿Tienes hambre?

Isa se aferró a ella con más fuerza, enterrando el rostro en su pecho, y, de pronto, comenzó a sollozar.

—Mami... ¿Dónde está papá? ¿Por qué no regresó contigo?

Esmeralda la apretó contra sí y trató de consolarla:

—A papá se le presentó un pequeño contratiempo, pero te prometo que regresará. Tienes que ser paciente y esperarlo, ¿sí?

Isa levantó su carita empapada de lágrimas, asintiendo fervientemente.

—Yo lo esperaré. Papá tiene que casarse contigo y yo voy a ser la niña de las flores.

Esmeralda limpió con delicadeza las lágrimas de la pequeña y asintió.

—Sí, vamos a esperarlo.

—Sí.

Isa se escondió de nuevo en el abrazo de su mamá, sintiéndose mucho más tranquila y reconfortada.

Madre e hija se quedaron acurrucadas en la cama por un rato más, hasta que Esmeralda decidió que era hora de levantarse.

Una empleada de la casa subió con algo de comer para la cena.

A lo largo de todo el día, Isa casi no había probado bocado, pero ahora que estaba con su mamá, el apetito le había regresado y comió bastante bien.

Una vez que terminaron,

Isa ya no tenía sueño,

así que Esmeralda se quedó acompañándola a ver dibujos animados.

Durante los días siguientes,

Esmeralda se instaló en la casa para estar junto a Isa en todo momento. Si el clima era agradable, la llevaba de paseo con los guardaespaldas acompañándolas de cerca. Nadie más se atrevió a interrumpir su tiempo juntas.

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