Entrar Via

La última lágrima de la esposa fea romance Capítulo 948

Marisa se negaba a creer que su hijo hubiera fallecido en ese accidente. Sin embargo, presa de un pánico irracional, mandó a agilizar los trámites del acta de divorcio lo más rápido posible, con el único objetivo de asegurarse de que Esmeralda no pudiera tocar ni un solo centavo de la fortuna de su hijo.

Doña Antonella no se enteró sino hasta que el papeleo ya estaba terminado, pero decidió no intervenir ni objetar en absoluto.

Esmeralda soltó de pronto una risa llena de desdén.

—¿Y entonces? ¿A dónde quiere llegar con todo esto, doña Antonella?

La anciana entrecerró los ojos y su respiración se tornó pesada.

—Para la familia Montes, los intereses económicos siempre están por encima de cualquier otra cosa —continuó Esmeralda—. Me imagino que, en el fondo, la única razón por la que lloran la tragedia de David es porque acaban de perder a la persona que les generaba las mayores ganancias.

—¡Señora de la Garza! —intervino de inmediato el mayordomo, alzando la voz—. Le exijo que mida sus palabras.

Esmeralda lo miró con absoluta frialdad.

—¿Decir la verdad es no medir mis palabras?

El mayordomo abrió la boca para replicar, pero doña Antonella levantó una mano, ordenándole que guardara silencio.

La anciana mantuvo su postura majestuosa, aunque su mirada se endureció notablemente.

—¿Así que ahora sales en defensa de David? Me encantaría saber qué clase de sentimientos tienes realmente por él.

—Se equivoca, señora —respondió Esmeralda—. David no necesita que yo lo defienda. Y en cuanto a mis sentimientos por él, a estas alturas ya no tienen la menor importancia. No quiero ni un solo centavo suyo, lo único que me importa es que todo lo que le pertenece pase a manos de Isa. Si de verdad él no va a regresar, le juro que moveré cielo y tierra para obtener la custodia total de mi hija.

Doña Antonella ni se inmutó.

—Pensaba ofrecerte una compensación, pero, por lo visto, ya no será necesario.

—Agradezco la intención, pero no necesito ninguna clase de compensación —dijo Esmeralda, cortante.

Doña Antonella le hizo una seña al mayordomo, quien se adelantó de inmediato.

—¡Señora de la Garza, por favor, retírese! —le ordenó con tono severo.

En el pasado, el mayordomo había pensado que Esmeralda era una mujer sensata, que sabía cuál era su lugar. Pero ahora se daba cuenta de lo equivocados que estaban; no solo era calculadora, sino que además se atrevía a escupir su veneno sin importar el lugar ni las circunstancias. Desde el accidente del señor David, ella no había derramado una sola lágrima ni mostrado el menor signo de dolor frente a ellos. Indudablemente, no era digna de formar parte de la familia Montes.

Esmeralda se levantó sin decir más y salió de la habitación.

En cuanto la puerta se cerró tras ella,

doña Antonella se llevó una mano al pecho y comenzó a toser violentamente.

—¡Señora!

El mayordomo se apresuró a su lado y empezó a sobarle la espalda.

—Tome un poco de agua, por favor.

Nuestro precio es solo 1/4 del de otros proveedores

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: La última lágrima de la esposa fea