Entrar Via

La última lágrima de la esposa fea romance Capítulo 949

Las pupilas de Esmeralda se contrajeron de golpe. Tardó un par de segundos en recuperar la voz.

—¿Qué noticias? —preguntó apenas en un susurro.

—Podemos confirmar que está vivo —le dijo Enzo—. Ya mandé a gente a cerciorarse. Todo parece indicar que está malherido.

Esmeralda apretó el celular con fuerza.

—Entiendo.

—Cuídate mucho, y cuida de Isa —le recomendó Enzo.

—Lo haré.

Terminó la llamada.

Esmeralda bajó la cabeza.

Pasaron largos minutos,

pero ella seguía inmóvil, sin decir palabra.

—¿Esme? —le preguntó Emilia con curiosidad—. ¿Hay noticias de David?

Esmeralda volvió a la realidad y asintió.

—Gracias a Dios. Lo importante es que esté bien.

Emilia analizó su reacción, sintiéndose sumamente confundida. Era imposible saber qué pasaba por la cabeza de Esmeralda en ese momento. Si su esposo estaba vivo, ¿no debería estar rebosante de alegría?

¿Por qué reaccionaba con ese frío silencio? ¿Qué sentía realmente por David?

Al mismo tiempo,

el mayordomo también había recibido la noticia por su lado.

Isa salió corriendo a buscar a su mamá.

—¡Mami, mami! ¡Papá va a regresar!

Esmeralda acarició la cabecita de la niña.

—Sí, mi amor. Mami ya lo sabe.

Isa daba de saltos de felicidad. Toda la tristeza había desaparecido de su rostro.

—¡Qué bueno! ¡Papá va a regresar y nunca más nos volveremos a separar de él!

La pequeña se apoyó sobre el regazo de su madre y la miró con adoración.

Esmeralda continuó acariciándola. Una suave sonrisa se dibujó en sus labios, aunque prefirió no responderle.

—Vámonos a casa entonces.

—¡Sí!

Isa se dio la vuelta para despedirse de Emilia, de Raúl y de Bruno. Luego, tomó la mano de su mamá y juntas salieron de la casa.

—¿Piensas viajar para allá?

Esmeralda se quedó en silencio durante unos instantes antes de responder:

—No lo creo. Me basta con saber que está a salvo.

—Entiendo.

Tres días transcurrieron en un abrir y cerrar de ojos.

El clima de julio era excepcionalmente caluroso.

Finalmente se había confirmado que David Montes estaba vivo; había sido trasladado a un hospital en Nueva York, aunque permanecía en un estado de semicoma.

Toda la familia Montes se trasladó a Nueva York de inmediato.

Esmeralda, por su parte, se quedó encerrada en Lomas del Valle cuidando de Isa. Abril y Paula habían ido a visitarla junto a Lidia, ya que también se habían enterado de que David estaba vivo.

—Yo siempre dije que a alguien como David no podía pasarle nada tan fácilmente —comentó Paula.

En realidad, a ninguna de ellas le importaba demasiado el bienestar de David; lo único que les preocupaba era Isa. Perder a su padre habría sido una crueldad demasiado grande para la pequeña.

—Entonces, Esme... ¿Podríamos decir que ya estás oficialmente divorciada de David? —se atrevió a preguntar Abril por fin.

Nadie hubiera imaginado jamás que ese matrimonio terminaría de esa manera; había comenzado como una farsa absurda y terminaba en una situación aún más grotesca.

Abril observó la reacción de Esmeralda con cautela. Sin embargo, su rostro era una máscara indescifrable; era imposible saber qué sentimientos guardaba hacia David, aunque era evidente que su principal motor para seguir era el amor incondicional por su hija.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: La última lágrima de la esposa fea