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La última lágrima de la esposa fea romance Capítulo 97

Álvaro acercó el coche.

Manolo ayudó a bajar a Esmeralda los escalones con la silla de ruedas.

Al llegar al auto, Álvaro se inclinó y cargó a Esmeralda directamente, mientras Valentina ayudaba a acomodarla con cuidado dentro del vehículo.

Una vez que el auto se fue, el chofer subió al suyo.

Sacó su celular y llamó a David.

—Señor Montes, la familia de la señora se la llevó a su casa.

Al otro lado de la línea, David estaba sentado en el sofá, con la mirada fija en la niña que acababa de dormirse en la cuna. La pequeña tenía agarrado el dedo meñique del hombre con su manita, y él se mantenía inmóvil. La niña cambiaba día con día, volviéndose cada vez más hermosa.

Al escuchar al chofer, David colgó sin decir nada.

En casa, Valentina cuidaba muy bien de Esmeralda; su recuperación iba viento en popa.

Al ver que Valentina se levantaba temprano y se dormía tarde para atenderla, notó lo demacrada que estaba y las ojeras marcadas en su rostro. Esmeralda se sentía culpable.

—Vale, realmente ha sido mucho trabajo para ti estos días.

—¿Qué dices? Somos familia, no es ningún trabajo.

De repente, Esmeralda extendió los brazos y la abrazó, escondiendo la cara en su pecho. Susurró:

—Mamá.

Valentina sintió que se le llenaban los ojos de lágrimas. Acarició la cabeza de Esmeralda y dijo con voz entrecortada:

—Mi niña.

A fin de mes sería Navidad.

La ciudad entera comenzaba a iluminarse con decoraciones festivas.

Esmeralda se enteró de que Álvaro había demandado a quienes la acosaron en internet. Manolo y Valentina apenas se enteraban de eso y entendieron por qué Esmeralda había dado a luz repentinamente; la pareja estaba furiosa.

Manolo no pudo evitar soltar una maldición:

—Ese David es un desgraciado.

Antes, por más enojado que estuviera, nunca insultaba, pero esta vez no pudo contenerse.

Incluso pensó en devolverle el dinero de inmediato y pelear por la custodia de la niña. Él, como abuelo, solo había visto a la bebé un instante en el hospital, ni siquiera había podido cargarla.

Pero eran palabras dichas en un momento de rabia.

Aunque devolvieran el dinero, no recuperarían a la niña.

Valentina, más calmada, logró tranquilizarlo.

Capítulo 97 1

Capítulo 97 2

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