En un abrir y cerrar de ojos, llegó el día de Navidad.
Valentina comenzó a preparar los ingredientes para la cena desde temprano, mientras Manolo y Álvaro ayudaban a limpiar la casa.
Ese día, Santiago llegó de visita con regalos.
También traía obsequios y suplementos vitamínicos de parte de don Ezequiel.
Valentina y Manolo recibieron los regalos y lo atendieron con entusiasmo.
—Esme está en su habitación, ve a buscarla.
—Claro.
Santiago tocó la puerta y entró. Esmeralda estaba recargada en la cama, tejiendo una bufanda con un patrón de fresas muy lindo; se veía suave y calientita.
Por el tamaño, era evidente que era para un bebé.
En este tiempo de recuperación, tejía bufandas para pasar el rato.
Esmeralda levantó la vista al ver entrar a la persona:
—Llegaste.
Santiago la había llamado antes de venir.
Santiago cerró la puerta, se acercó y al ver su buen color, notó que la estaban cuidando bien.
—¿Tejes cuando no tienes nada que hacer en casa?
Esmeralda asintió:
—La cuarentena es muy aburrida, hay que buscar algo para matar el tiempo.
Santiago se sentó en el sofá y charló con ella.
—¿Mi primo te pidió el divorcio? —no pudo evitar preguntar Santiago.
Esmeralda detuvo sus manos un instante y asintió:
—Ya firmé el acuerdo.
Santiago bajó la mirada y apretó los dedos:
—¿No te dio ninguna compensación?
Esmeralda soltó una risa ligera y negó con la cabeza:
—Aunque quisiera dármela, no la aceptaría.
Tomar cosas que no le pertenecían siempre traía consecuencias, y ella no quería deberle ni un centavo.
Dejó el celular, levantó la vista para ver quién venía y luego volvió a bajar la mirada sin intención de saludar.
David se sentó en un sillón individual cercano, lo miró y preguntó:
—¿En qué piensas?
Santiago no respondió. Le entregó la bolsa que tenía a un lado, la que solo contenía el gorro y las bufandas, y dijo con actitud fría:
—Esme me pidió que le diera esto a Isa, ella misma lo tejió. En cuanto a si quieres tirarlo o hacer lo que sea, es cosa tuya, primo.
David extendió la mano, tomó la bolsa, sacó la bufanda y el gorro para verlos y luego los volvió a guardar. Ignorando la actitud de Santiago, preguntó:
—¿Cómo está ella?
Santiago no lo miró, sus dedos seguían jugando en la pantalla:
—Es raro que te acuerdes de preocuparte por alguien, primo. Ella está bien en casa, hay gente que la quiere y la cuida bien.
David lo miró con rostro severo y voz más seria:
—Santi, ¿me odias?
Santiago detuvo sus manos, levantó la vista hacia David y respondió:
—No diría que te odio, solo creo que eres demasiado frío. —Dicho esto, retiró la mirada y miró al frente con una sonrisa sarcástica—. En realidad, no es que tú seas demasiado frío, es que toda la familia Montes es de sangre fría.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La última lágrima de la esposa fea
Cuando la se actualiza?...
Me tiene la trama Encantada es un a lástima q cobren para poder seguir en la trama es una delas pocas novelas q tiene diferentes trama no hay mujer sumisa espero poder seguir gracias...