Entrar Via

La Última Promesa romance Capítulo 14

El aire antiséptico del hospital pareció aligerarse cuando Laurent exhaló suavemente, sus hombros relajándose casi imperceptiblemente mientras susurraba:

—Está bien, lo tengo en cuenta —su voz, aunque baja, llevaba un matiz de resignación mezclada con algo más profundo.

Leandro, captando el sutil cambio en el ambiente, intercambió una mirada conocedora con Laurent antes de hacer un gesto discreto hacia el personal médico. El mensaje era claro: necesitaban privacidad.

Laurent se deslizó al borde de la cama con movimientos calculadamente suaves, como si temiera perturbar la fragilidad del momento. Sus dedos largos y pálidos encontraron la mano de Adela, y cuando habló, su voz emergió con una suavidad que contrastaba con su habitual frialdad:

—Adela, ¿qué se supone que debo hacer contigo? —la pregunta flotó en el aire, cargada de una vulnerabilidad que raramente permitía mostrar.

—No... Laurent... lo siento... —la voz de Adela emergía entrecortada, como si cada palabra fuera arrancada desde lo profundo de su subconsciente.

Sus dedos se aferraban a la mano de Laurent con una desesperación que hablaba de miedos más profundos que los evidentes. Su rostro delicado se contraía en una expresión de angustia, mientras lágrimas silenciosas trazaban caminos brillantes por sus mejillas. Sus labios temblaban mientras murmuraba repetidamente:

—Me equivoqué... lo siento... —cada palabra parecía cargar el peso de dos vidas de arrepentimiento.

Laurent, notando la agitación anormal en su respiración y el sudor frío que perlaba su frente, apretó su mano con más firmeza. Se inclinó hasta que sus labios casi rozaron su oído:

—Adela, Adela —su voz, suave pero insistente, intentaba anclarla a la realidad.

Los ojos de Adela se abrieron de golpe, como si emergiera de las profundidades de un océano oscuro. Su respiración era errática, y el miedo en su mirada era tan crudo y visceral que Laurent sintió una punzada en el pecho. El sudor frío cubría su piel como un velo de vulnerabilidad, y sus dedos se entrelazaron con los de Laurent con una fuerza nacida del pánico.

—Laurent... —su nombre emergió como una plegaria.

—¿Tuviste una pesadilla? —la dureza anterior en su voz se había disuelto completamente ante la visión de su angustia.

Con un movimiento repentino que sorprendió a ambos, Adela se incorporó y se lanzó hacia él. Sus brazos delgados rodearon su torso mientras enterraba el rostro en la curva de su cuello, donde el aroma de su colonia se mezclaba con el antiséptico del hospital.

—Laurent, no te divorcies de mí, no me dejes —su voz, amortiguada contra su piel, temblaba con el eco del horror que acababa de revivir en sus sueños.

Las imágenes de su vida anterior la asaltaban con una claridad brutal: Laurent, consumiéndose en una celda fría, su vida apagándose por su culpa. El miedo se enroscaba en su estómago como una serpiente helada.

Laurent permaneció inmóvil por un momento, procesando la vulnerabilidad cruda en su voz, la forma en que su cuerpo temblaba contra el suyo, el agarre desesperado de sus manos en su camisa. Podía sentir su miedo, tan tangible como las lágrimas que humedecían su cuello, y algo en su interior se removió.

Capítulo 14 1

Nuestro precio es solo 1/4 del de otros proveedores

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Última Promesa