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La Última Promesa romance Capítulo 16

Sergio apuntó con el dedo tembloroso hacia Laurent, su rostro enrojecido por la indignación contenida. La tensión en el pasillo del hospital era palpable mientras trataba de controlar su frustración.

—¡Realmente no tienes remedio! —escupió finalmente, cada palabra cargada de reproche.

Laurent, con esa calma enigmática que lo caracterizaba, esbozó una leve sonrisa en sus labios. Sin decir palabra, se levantó con elegancia de la silla de espera y comenzó a alejarse por el largo pasillo del hospital. Sus pasos resonaban contra el suelo, marcando un ritmo constante que poco a poco se fue desvaneciendo.

Sergio soltó un bufido frío que condensaba toda su desaprobación y, apretando los puños, se dirigió en la dirección opuesta. El eco de sus pisadas revelaba la ira que intentaba contener.

...

En la habitación del hospital, el aire acondicionado zumbaba suavemente, creando un contraste con el bullicio apagado que se filtraba desde el pasillo. Adela permanecía recostada en la cama, sus dedos rozando delicadamente sus labios hinchados y enrojecidos por los besos de Laurent. El cosquilleo persistente en ellos era un recordatorio tangible de su presencia, de la pasión contenida en ese encuentro. Una sonrisa tímida se dibujó en su rostro mientras sus mejillas se teñían de un suave rubor.

"¿Quién diría que después de todo este tiempo, sus besos aún me afectarían así?", pensó, permitiéndose un momento de vulnerabilidad genuina.

El penetrante tono de un celular rompió abruptamente la burbuja de sus pensamientos románticos. Adela frunció ligeramente el ceño, su expresión soñadora transformándose en una máscara de cautela al ver el nombre en la pantalla: Viviana.

Una sonrisa fría, tan diferente a la que había mostrado momentos antes, se dibujó en sus labios mientras deslizaba el dedo para contestar. Su postura se tensó imperceptiblemente, preparándose para el juego de manipulación que estaba por comenzar.

—Adela, lo siento mucho —la voz melosa de Viviana sonaba estudiadamente preocupada—, me salió un trabajo de último momento y tengo que viajar por unos días, así que no podré visitarte. ¿Cómo estás ahora?

Adela contuvo el impulso de soltar una risa sarcástica. Si fuera la misma mujer ingenua de antes, habría creído cada palabra de esa disculpa elaborada. Mientras escuchaba las excusas de Viviana, no pudo evitar rodar los ojos, agradeciendo que esta conversación fuera por teléfono.

—No te preocupes —respondió con una voz controlada—, estoy bastante bien.

—Me alegra tanto que estés bien —Viviana moduló su voz para expresar una preocupación que no sentía, cada palabra calculada para mantener su fachada de mejor amiga—. No tienes idea de cuánto me he preocupado por ti.

Adela jugueteó con un mechón de su cabello, un gesto que solía hacer cuando contenía su irritación. —¿Ah sí? —preguntó, dejando que un toque de ironía se deslizara en su voz.

—¡Claro! —Viviana continuó con su actuación—. Pensé que solo estabas fingiendo, pero no esperaba que lo hicieras de verdad.

"¿No esperabas?" Adela apretó ligeramente la sábana blanca del hospital con su mano libre. "Probablemente deseabas que simplemente me muriera", pensó, mientras su expresión se tornaba indiferente.

—De todos modos, gracias —dijo Adela, su voz enfriándose notablemente—. Si no hubieras sugerido la idea del suicidio para presionar a Laurent, él no habría accedido tan fácilmente a divorciarse de mí.

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