El nombre de Daniela Vega quedó flotando en el aire de la sala de juntas, una propuesta tan inesperada y tan cargada de riesgo que, por un momento, ni Valentina ni Sofía supieron cómo reaccionar. La idea de acercarse a la hermana de Alejandro, a un miembro del clan enemigo, parecía una locura, un acto de una ingenuidad suicida.
—¿Daniela? —dijo Sofía finalmente, rompiendo el silencio, su tono era una mezcla de escepticismo e incredulidad—. Mateo, con todo el respeto, estás loco. Es una Vega. La sangre es más espesa que el agua, y la de esa familia es prácticamente cemento. En el momento en que le mencionemos esto, correrá a contárselo a su tío, y habremos revelado toda nuestra estrategia.
—No estoy tan seguro —replicó Mateo, su calma era un contrapunto a la agitación de Sofía—. No la conozco bien, pero la he observado en eventos familiares y corporativos durante años. Ella no es como ellos. Hay una decencia en ella, una incomodidad con la arrogancia de su hermano y la crueldad de su tío que siempre me ha llamado la atención. Y no olvidemos que dirige la fundación de la empresa. Eso nos dice algo sobre sus valores.
Valentina, que había permanecido en silencio, comenzó a considerar la posibilidad. Recordaba a Daniela de sus años de matrimonio con Alejandro. Era una presencia silenciosa, a menudo eclipsada por la personalidad arrolladora de su hermano. Recordaba conversaciones en las que Daniela había defendido tímidamente causas sociales, solo para ser ridiculizada por Alejandro por su "idealismo de niña rica". Recordaba la genuina amabilidad con la que Daniela siempre la había tratado, una calidez que contrastaba fuertemente con la fría condescendencia del resto de la familia.
—Y lo más importante —continuó Mateo, como si leyera la mente de Valentina—, tenemos que considerar su motivación. Ella no tiene nada que ganar con el status quo. Vive a la sombra de su hermano, relegada a un papel secundario que claramente la frustra. Y si la empresa se hunde por la corrupción de su tío, su fundación, lo único que realmente le importa, se hundirá con ella. Acercarnos a ella no es solo apelar a su moral; es apelar a su propio y pragmático interés.
La lógica de Mateo era impecable, pero el riesgo seguía siendo inmenso.

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