Al ver que su intento de sabotaje a través del proveedor había fracasado estrepitosamente y, peor aún, había resultado en una idea que hacía que la gala pareciera aún más innovadora y prestigiosa, Alejandro sintió que su control sobre el proyecto se desvanecía. La gala se estaba convirtiendo en el "evento de Valentina", y su nombre apenas se mencionaba en los pasillos, excepto en relación con su esposa. Su ego, frágil y sobredimensionado, no podía soportarlo. Decidió que necesitaba un ataque más directo, una forma de imponer su presencia y reclamar el protagonismo.
Convocó a Valentina a una "reunión de seguimiento" en su oficina. Era una trampa obvia. Cuando ella llegó, él no estaba solo. Isabella estaba sentada a su lado, tomando notas como si fuera su mano derecha.
—Valentina, he estado revisando el cronograma del evento —comenzó Alejandro, adoptando su tono de CEO condescendiente—. Y veo un hueco. Falta un momento central, un ancla emocional que le dé peso a la noche.
Valentina lo miró, esperando el golpe.
—He decidido —continuó él, como si le estuviera haciendo un gran favor— que debemos incluir un segmento especial justo después de la cena, en el momento de mayor audiencia. Un cortometraje documental de quince minutos. Un tributo a la visión y al liderazgo que han llevado a esta empresa a donde está hoy. Un tributo a mi padre y, modestia aparte, a mí.
Isabella asintió con fervor.
—Creemos que es fundamental que los invitados, especialmente los inversores, entiendan la fuerza del liderazgo de la familia Vega —añadió, como si la idea hubiera sido suya.
La propuesta era tan egocéntrica y tan tonalmente sorda en comparación con la visión de Valentina de honrar a los empleados, que resultaba casi cómica. Un video de autobombo de quince minutos en medio de una gala inmersiva y elegante sería como ponerle reguetón a una orquesta sinfónica. Arruinaría por completo el ritmo y el espíritu del evento.
Valentina no discutió. No mostró su enfado. Simplemente escuchó con una paciencia casi antinatural.
—Es una idea interesante, Alejandro —dijo cuando terminaron—. Déjame analizar cómo podría encajar en el flujo del evento y te presento mis conclusiones.
Regresó con su equipo, quienes reaccionaron con la indignación que ella había reprimido.
—¡No puede ser! —exclamó Andrés—. ¡Un video de autobombo de quince minutos! ¡Va a matar la energía de la noche!


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