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La Valiente Transformación de una Esposa Menospreciada romance Capítulo 95

Los primeros días en la nueva oficina fueron extrañamente silenciosos y solitarios. El espacio, que Valentina había visto lleno de potencial, ahora se sentía vasto y vacío. Había firmado el contrato de arrendamiento y tenía las llaves, pero eso era todo. No había muebles, ni equipos, ni gente. Solo ella, su portátil y el eco de sus propios pasos sobre el suelo de madera.

Pasó el tiempo haciendo lo único que podía hacer: planificar. Se sentó en el suelo, usando un pliego de papel como escritorio improvisado, y comenzó a trazar el plan de negocios de "Creativos V.R.". Definió su misión, sus valores, su estructura de costos. Pero mientras su mente se ocupaba de los detalles prácticos, una sensación de duda comenzó a filtrarse.

¿Y si nadie venía?

La lealtad que Carlos le había jurado en un momento de alta emoción, ¿se mantendría ahora que la realidad se había impuesto? ¿Se atreverían otros a dejar la seguridad de un sueldo fijo en una gran corporación para unirse a su incierta aventura empresarial? Había quemado todos sus puentes, y ahora estaba de pie en una isla que ella misma había creado, preguntándose si alguien estaría dispuesto a construir un barco para llegar hasta ella.

El silencio de la oficina vacía parecía amplificar sus miedos. Se levantó y caminó hacia el balcón, buscando aire. La tarde caía sobre Chapinero, tiñendo el cielo de tonos naranjas y morados. Observó la vida del barrio seguir su curso: una pareja paseando a su perro, el sonido de un piano proveniente de una ventana cercana, el olor a pan recién horneado de una panadería de la esquina. Era una vida normal, una vida que de repente le parecía muy lejana a su propia y complicada existencia.

Justo en ese momento, su teléfono sonó, el sonido estridente rompiendo la quietud y haciéndola sobresaltar. Miró la pantalla. Era un número desconocido. Dudó en contestar, temiendo que fuera un periodista o, peor aún, un abogado de Alejandro. Pero algo la impulsó a aceptar la llamada.

—¿Aló? —dijo, su voz sonaba cautelosa.

—¿Jefa?

La voz era inconfundible. Grave, directa, leal. Era Carlos Nieto.

Valentina sintió una oleada de alivio tan intensa que tuvo que apoyarse en la barandilla del balcón.

Capítulo 95 1

Capítulo 95 2

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