Después de la llamada con Laura Santorelli, una sombra de desánimo se instaló en la pequeña oficina de Chapinero. Valentina intentó mantener una fachada de optimismo frente a Carlos, pero por dentro, el rechazo la había herido profundamente. No era solo la pérdida de un cliente potencial; era la traición de alguien a quien consideraba una amiga, una aliada. Si Laura, una mujer fuerte e independiente, se había acobardado ante las amenazas de Alejandro, ¿qué podía esperar de los demás?
Hizo una docena de llamadas más esa tarde. Los resultados fueron una letanía de rechazos educados pero firmes. "Estamos muy contentos con nuestra agencia actual". "No tenemos presupuesto para nuevos proyectos en este momento". "Te llamaremos si algo cambia". Eran las frases estándar de la industria para decir "no", pero Valentina podía leer entre líneas. La influencia de Alejandro era un veneno que se había extendido por toda la red, contaminando relaciones que ella había tardado años en construir.
Al final del día, se sentó en el suelo de la oficina vacía, rodeada de sus planes de negocio y sus sueños, y se sintió completamente derrotada. Carlos, sintiendo su desánimo, se sentó a su lado en silencio, ofreciéndole el consuelo de su presencia sin necesidad de palabras vacías.
—Es más difícil de lo que pensaba, Carlos —admitió Valentina, su voz era un susurro—. Él los tiene a todos muertos de miedo.
—La gente le tiene miedo al poder, jefa. Siempre ha sido así —respondió Carlos con su habitual pragmatismo—. Pero el miedo no dura para siempre. El talento sí.
Sus palabras eran amables, pero en ese momento, sonaban huecas. El talento no pagaba el alquiler. El talento no conseguía clientes si nadie se atrevía a contratarlo. Por primera vez desde que había salido del museo, Valentina sintió una punzada de verdadero pánico. ¿Y si había cometido un error terrible? ¿Y si Alejandro ganaba? ¿Y si estaba destinada a fracasar, a convertirse en una anécdota, en la ex esposa loca que intentó montar una agencia y se estrelló?
Se quedó en la oficina mucho después de que Carlos se fuera, incapaz de enfrentarse a la soledad de su habitación de hotel. La oficina vacía, que por la mañana le había parecido un lienzo de posibilidades, ahora se sentía como un mausoleo para sus ambiciones muertas. La noche cayó sobre Bogotá, y las luces de la ciudad, que antes le parecían una promesa, ahora la hacían sentir pequeña e insignificante.
Estaba a punto de rendirse por el día, de apagar su portátil y sumirse en la autocompasión, cuando un sonido rompió el silencio. Era la notificación de un nuevo correo electrónico. Con un suspiro de cansancio, abrió su bandeja de entrada, esperando que fuera otro correo de spam o una factura.
El asunto del correo era simple: "Pregunta sobre sus servicios". El remitente era un nombre que no reconoció: "Lucía Méndez, Gerente, El Horno Mágico".

VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Valiente Transformación de una Esposa Menospreciada