En breve, el trio estaba de pie frente a Roxana.
En los brazos de Luciano, Estela miraba a la mujer hermosa frente a ella con una expresión de extraña felicidad. Roxana no sabía cómo reaccionar ante la mirada del dúo padre e hija. Por fortuna, el hombre frente a Luciano habló para romper el silencio.
—¿Es usted la médica recomendada por el doctor Galarza para tratar al gran señor Quevedo?
Roxana se compuso y sonrió.
—Si, mi nombre es Roxana Jerez.
—Doctora Jerez. —El hombre estiró la mano—. Soy Jonatan Quevedo, ella es mi hermana, Frida Quevedo. —Cuando terminó de hablar, se dirigió a Luciano—: Este es… bueno lo consideramos nuestro hermano mayor; su apellido es Fariña.
Roxana trató de asentir con tranquilidad mientras los saludaba.
—Señor Quevedo, señora Quevedo, señor Fariña.
En el momento en el que dejó de hablar, se escuchó la risa clara y significativa de Luciano; la risa tenía un dejo de burla. Roxana bajó la cabeza tratando de esconder sus emociones. Frida la observó antes de fruncir el ceño.
—Está bien. Son sus familiares, así que entiendo sus preocupaciones. Sin embargo, puedo asegurarles que soy competente. Puede que sea joven y que no luzca como una médica con muchos años de experiencia, pero he investigado muchas enfermedades complejas en el extranjero. Mi experiencia no es tanta como otros doctores que han trabajado durante décadas, pero tengo confianza en mis habilidades.
Cuando terminó de hablar, sacó un documento del bolso y se lo entregó a Jonatan.
—Este documento contiene mis logros a lo largo de los años; puede echarle un vistazo antes de decidir si estoy calificada para tratar al gran señor Quevedo.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La verdad de nuestra historia