Bianca mantuvo el semblante impasible y soltó:
—¿No fuiste tú quien decidió alejarse de mí?
Luis se apresuró a explicar:
—Yo nunca quise alejarme de ti, mamá. Solo quería que te arreglaras un poco más, que me ayudaras a quedar bien frente a los demás, y que no te metieras tanto en mi vida privada. Eres mi madre, ¿cómo podría dejarte de lado?
Bianca soltó una risa amarga:
—Claro, para ti que te controle el uso de tus aparatos electrónicos, que no te deje juntarte con esos vagos, y que te obligue a estudiar, eso es arruinarte la vida. Pero si Belinda hace todo lo que pides, eso sí es amor, ¿no? Me salió mal ser tu madre, lo acepto. Nunca me imaginé que el hijo al que cuidé día y noche, al que protegí con todo, terminaría apuñalándome por la espalda.
Hizo una pausa, y su voz se quebró solo un poco:
—El día que llamaste a otra mujer “mamá”, dejaste de ser mi hijo. A partir de hoy, lo que pase con tu vida será solo tu responsabilidad. No vuelvas a buscarme. Lo que existía entre nosotros, se acabó.
—Mamá... —Luis intentó alcanzarla, pero Bianca ya se había dado la vuelta, sin intención alguna de escuchar más.
...
Cuando terminaron de firmar el acuerdo de divorcio, Melisa se acercó a Patricio, sacó un pequeño frasco de cerámica y esparció un polvo sobre la herida que él tenía.
En cuestión de segundos, Patricio dejó de sentir dolor.
Se puso de pie, apretando los dientes, y lanzó una amenaza:
—Ya verán, no voy a dejar que la familia Orozco se salga con la suya.
Melisa, sin perder la calma, le contestó:
—Aquí te espero.
Después, Melisa le pidió a Iván que acompañara personalmente a Patricio hasta el juzgado.
Para evitar que Patricio intentara escapar, Iván y los demás no se separaron ni un instante de él.
No fue sino hasta que el personal del juzgado estaba por retirarse que lograron terminar todos los trámites.

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