Al día siguiente.
Cuando Melisa bajó las escaleras, se topó justo con Florencia y Bruno, quienes estaban a punto de salir rumbo al Grupo MO.
Ese día, Melisa llevaba puesto un vestido rojo. Su cabello caía suelto sobre los hombros y su piel relucía con una blancura impecable. La silueta de su cuerpo resaltaba perfecta, y ese vestido, tan elegante y con un toque atrevido, parecía hecho sólo para ella.
Florencia no pudo evitar clavar la mirada en el vestido de Melisa, con una chispa de envidia que se le escapó en los ojos.
Aquel vestido era diseño de la maestra Carolina.
Recordó cuando la maestra Carolina compartió el boceto de ese vestido en sus redes, con una nota que decía: [Sólo para mi mejor amiga].
A partir de ahí, los comentarios no se hicieron esperar; muchísima gente moría de envidia.
[¿Por qué yo no tengo una amiga como la maestra Carolina?]
Pero nadie se imaginó que ese vestido, que nunca estuvo a la venta, terminaría en el armario de Melisa.
Cada vez que Florencia pensaba en cómo la maestra Carolina había dicho que toda la ropa de Melisa era hecha a la medida, sentía un nudo atorado en el pecho.
¿De dónde sacó Melisa esa suerte para ser amiga de alguien como la maestra Carolina?
Además, ¿qué clase de gustos tenía la maestra? Con su fama, su talento y su familia poderosa, ¿por qué se juntaba con alguien que creció en un club nocturno?
Bruno también notó el vestido de Melisa y, con el ceño fruncido, soltó:
—Sabemos que te llevas bien con la maestra Carolina, pero tampoco hace falta que lo presumas tanto.
Estaba claro que esa actitud de Melisa dejaba a Florencia en una situación incómoda.
Melisa le lanzó una mirada rápida y, sin pensarlo mucho, se acercó con paso firme.
Bruno, de inmediato, retrocedió un paso, desconfiado.
—¿Qué planeas hacer? —preguntó, un poco titubeante.
Melisa se rio con ironía.
—¿Con ese poco valor y te atreves a darme lecciones? Mire, señor Bruno, mejor vaya a practicar cómo tener agallas, y ya luego se atreve a decirme algo.
Sin perder más tiempo en él ni dedicarle otra mirada, Melisa se giró y se marchó con elegancia.
Bruno se quedó con la cara descompuesta, apretando los dientes con rabia hasta que le tronaron.
La verdad, le tenía un rechazo profundo a Melisa.
Si seguía viviendo en esa casa, sentía que tarde o temprano acabaría explotando de coraje.
Tenía que buscar la forma de sacar a Melisa de la familia Orozco cuanto antes.
Florencia también estaba molesta, pero sabía que ese no era el momento de explotar. Así que respiró hondo y le dijo a Bruno con calma:


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