El ambiente alrededor de Melisa de pronto se volvió tan helado que casi se podía sentir el aire cortante. Su mirada, dura como el acero, se clavó en Fabricio, y se aguantó las ganas de soltarle un golpe. Apenas iba a decir algo cuando Fabricio habló primero:
—Juana, sirve la comida.
—Sí, señor.
Sin perder tiempo, Juana llevó los platos recién preparados hasta la mesa.
Fabricio se levantó, rodeó a Melisa por la cintura y la llevó hasta la mesa. Agitó la mano delante de los platillos como para avivar el aroma.
—¿Prefieres seguir enojada o comer primero?
Melisa solo lo miró con la ceja levantada.
La verdad, tenía ganas de darle una patada a Fabricio. Pero ese aroma tan conocido de la comida casera... Le rugía el estómago. Desde la mañana, tras desayunar, apenas había probado bocado. En la oficina solo había acumulado coraje y, para colmo, se pasó el día sin comer.
En ese momento, Carolina también tenía el estómago vacío y gruñendo. No sabía si Melisa tenía hambre, pero lo que era ella, ya no aguantaba más.
Sin fijarse si Melisa seguía enojada o no, se dejó caer en una silla.
—Meli, tú sigue enojada si quieres, pero yo ya voy a comer.
Melisa le lanzó una mirada de reojo, pero no dudó. Se sentó rápido y, sin pena, comenzó a devorar junto con Carolina todo lo que había en la mesa, como si fueran dos lobas protegiendo su presa.
Los Pacheco se quedaron boquiabiertos.
No podían creer la velocidad con la que aquellas dos chicas terminaron con todo. Pero, sobre todo, lo que más les sorprendía era de dónde habían salido esos platillos.
Juana jamás había cocinado algo así.
La familia Pacheco estaba acostumbrada a sabores suaves y platos poco condimentados; casi nadie soportaba el picante. Sin embargo, toda la mesa estaba llena de platillos picosos, y, para colmo, olían delicioso.
Juana, notando la confusión de todos, sonrió y explicó:
—Todos estos platillos los preparó el señor. Al mediodía fue él mismo al supermercado por los ingredientes. Desde lavar y picar las verduras hasta cocinar, él hizo todo. Yo quise ayudar, pero no me dejó.



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