Cuando Fabricio subió las escaleras, Melisa estaba aplicándole acupuntura a Elvira.
—¿Cómo está mi mamá? —preguntó Fabricio, dejando el vaso de agua recién servido al lado de Melisa. Su expresión era tranquila, como si no hubiera discutido con ella minutos antes.
Sin levantar la vista, Melisa contestó con tono distante:
—Está bien. Cuando Carolina traiga la Hoja del Fénix, podremos eliminar el veneno.
Fabricio guardó silencio un momento. Las palabras que tenía preparadas para explicar se le quedaron atoradas ante la actitud indiferente de Melisa.
La atmósfera se volvió pesada, como si el aire mismo se hubiera vuelto más denso.
Elvira, entre tanto, miraba a uno y otro, sus ojos saltando de Melisa a Fabricio con curiosidad. Iba a decir algo, pero la empleada doméstica entró de golpe.
—Señorita Melisa, ya regresó la señorita Carolina.
Melisa se levantó al instante, ni siquiera miró a Fabricio. Salió del cuarto sin decir palabra.
Apenas se fue Melisa, Elvira le dio un manotazo a Fabricio en el hombro.
—¡Ay, de verte tan apocado hasta me da coraje! Hiciste enojar a tu novia, ¿y ni la boca te sirve para arreglarlo? Bien que presumes de valiente y bravucón, ¿y ahora? Te quedaste callado como si te hubieran regañado en la primaria.
Fabricio solo suspiró. En el fondo, sí quería arreglar las cosas, pero Melisa no le daba oportunidad.
...
Abajo, Melisa recibió la Hoja del Fénix de manos de Carolina y pidió un cuarto para estar sola y preparar el antídoto.
Ella conocía bien cómo contrarrestar Éxtasis Letal, pero nunca había preparado el remedio exacto. Así que tendría que hacerlo en el momento.
Poco después, Melisa ya tenía listo el antídoto y subió de inmediato a dárselo a Elvira.
Mientras ella trabajaba, los señores Pacheco y Damián también subieron, preocupados. Melisa no les pidió que salieran, pues aunque el veneno era fuerte, el antídoto era sencillo de aplicar y no requería mayor problema.
Melisa le dio la píldora a Elvira y luego movió tres agujas de plata que tenía en el cuerpo. Elvira, sin chistar, tomó el remedio.
Melisa escribió la receta y se la entregó a Fabricio.
—Son tres días de medicina, dásela dos veces al día. Ya tienes la receta para el baño medicinal, así que pon a tu mamá a remojarse una semana.
Fabricio tomó el papel y apretó los labios.


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