—¡¡¡Vicente!!!
Clara pegó un grito.
Intentó empujarlo, pero él le sujetó las muñecas.
Y con la rodilla, logró neutralizar fácilmente sus piernas que pateaban desesperadas.
Era una posición tan sugerente como clara.
Pero el beso del hombre no llegaba.
En la oscuridad no podía distinguir su rostro, pero el solo hecho de pensar en lo que estaba a punto de pasar puso a Clara sumamente nerviosa.
Los ojos de Vicente tenían un brillo profundo.
No sabría decir exactamente qué era, pero sentía que Clara estaba diferente.
El primer mes de casados, su relación no había sido la más romántica, pero tampoco era mala.
Por más que ella armara dramas durante el día, cuando llegaba la noche y se metían a la cama, bastaba con que él murmurara un «Clara», y ella se enredaba en él como una enredadera.
Al segundo mes, Clara quedó embarazada.
A partir de ahí, la relación se fue a pique, y pasaron los siguientes años prácticamente separados.
Las pocas veces que compartían cama, todo era frío y distante.
Pero la reacción de Clara esta noche no se parecía a la de ese primer mes, ni a la de esos años posteriores.
Era como si... fuera otra persona.
—Vicente, estoy muy cansada, no tengo ganas... Estás... pesas mucho, quítate...
Clara estaba muerta de la vergüenza.
No podía ver la cara de Vicente, pero sentía cómo sus propias mejillas le ardían.
De repente, Clara dejó de forcejear.
¿Quién dijo que no se le paraba? ¡Se notaba que estaba más que listo!
Ese peligro inminente multiplicó sus nervios, e incluso sintió un miedo inexplicable. Clara no se atrevió a moverse ni un milímetro más.
Con el corazón martilleando, Clara podía sentir que Vicente la estaba observando.
Era como estar en lo profundo de una selva tropical, sintiendo que una bestia salvaje la acechaba desde las sombras.
Con la piel de gallina...
Escuchó la voz fría y profunda de Vicente.
—Clara, ¿qué es exactamente lo que quieres?
Clara se calmó en un segundo.
¡El infeliz todavía sospecha de mí!
—Yo...
En el momento en que abrió la boca, supo dónde había metido la pata.
Un segundo planeaba perder a su hija a propósito para arruinarle los planes.
Y al siguiente, se volvía la mujer más comprensiva del mundo pidiéndole el divorcio para dejarle el camino libre a su ex.
¡Había cambiado demasiado rápido!
Cuando las cosas son tan extrañas, siempre hay un motivo oscuro detrás. Un hombre tan calculador como Vicente, ¿cómo no iba a sospechar?
¡Fui muy descuidada!
La brisa nocturna le rozó el rostro y el calor de hace un instante comenzó a disiparse.
Habló hacia el teléfono.
—Diviértanse ustedes, yo no voy a ir.
—Vicente... —La voz de Paulina sonó suave y dulce a través del ruido de fondo—. Kevin, Lucas y los demás ya están aquí. Rara vez nos juntamos todos, ¡solo faltas tú!
Apenas terminó de hablar, le arrebataron el celular.
Se escuchó la voz de Lucas Ayala del otro lado.
—Amigo, acordamos darle la bienvenida a Paulina. ¿Dónde andas?
—Está bien, ya voy.
Vicente aceptó, colgó la llamada y regresó a la habitación.
La cama estaba vacía.
Clara seguía encerrada en el baño.
Incluso después de que Vicente se cambió de ropa y se abrochó el reloj, ella no había salido.
Parecía que no iba a salir hasta estar segura de que él se había dormido.
¡Toc, toc!
—Vicente, ¿podrías ayudarme a...?
—¡Ya me voy!
Claramente al hombre no le importaba ni un poco por qué ella llevaba tanto tiempo escondida en el baño.

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