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LA VILLANA QUE HUYÓ DE SU FINAL romance Capítulo 12

Era la viva imagen de Vicente.

Clara suspiró. De tal palo, tal astilla.

Los dos niños se fueron con la niñera para bañarse y dormir. Clara esperó en la sala de estar durante más de media hora, pero Vicente no apareció con el acuerdo de divorcio.

La puerta del estudio estaba cerrada y, por mucho que aguzara el oído, no lograba escuchar el zumbido de la impresora.

No sabía qué tanto hacía holgazaneando ahí adentro.

Tras esperar un buen rato, muerta de impaciencia, Clara se dio por vencida.

Tarde o temprano se iban a divorciar, no pasaba nada si esperaba una noche más.

Pensaba así, pero en el fondo seguía molesta. No entendía a qué jugaba ese hombre.

Clara subió las escaleras hecha una furia.

¡Pum!

Abrió la puerta del dormitorio principal.

Sus miradas se cruzaron.

Vio a Vicente recostado en la cabecera de la cama, usando una pijama color azul noche y sosteniendo una tableta.

Clara tartamudeó un poco.

—¿Tú... te vas a dormir tan temprano?

¿Dónde estaban los compromisos nocturnos típicos de un gran empresario?

¿Dónde estaban el champán, las mujeres hermosas y el whisky?

Un jefe millonario que ya se había bañado y estaba en la cama antes de las nueve de la noche... era demasiado extraño.

Al encontrarse con los profundos ojos de Vicente bajo la luz de la lámpara de noche, Clara sintió como si la hubieran desnudado con la mirada, y eso que todavía ni siquiera había entrado al baño.

Vicente bajó la mirada, fijándola en la tableta.

—¡Ve a bañarte rápido!

Clara se quedó helada.

Al ver a Silvia, recordaba cómo había nacido pequeñita y arrugada, para luego convertirse en una muñequita preciosa.

Al ver a Andrés en el cuarto de juegos, recordaba cómo solía bajar la mirada con indiferencia.

Al verlo entrar al comedor, sabía que le gustaba sentarse a la izquierda de Vicente.

Pero en ese momento...

Al ver a Vicente en la cama, la mente de Clara se quedó en blanco.

No había roces candentes.

Ni un coqueteo romántico.

Era como si... solo fueran dos desconocidos compartiendo la misma cama, pero con vidas separadas.

Poco a poco se dio cuenta de que su relación era mucho peor de lo que había imaginado.

¿Será posible que... a Vicente no se le pare?

¿Será que la noche de bodas fue un milagro?

Con la mente trabajando a mil por hora, Clara se bañó a paso de tortuga y, con la misma lentitud, se sentó frente al tocador.

Había una fila de frascos y botellas. Mientras se aplicaba en el rostro esos lujosos productos para el cuidado de la piel que normalmente solo veía en comerciales, por fin empezó a sentirse como una mujer de la alta sociedad.

Al levantar la vista, se encontró con la mirada de Vicente a través del espejo.

Capítulo 12 1

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