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Llegas tarde: el divorcio ya está firmado romance Capítulo 67

Viviana no solo lo dijo, sino que lo hizo. Al salir de la mansión, se dirigió directamente al Onda Baja.

Como era socia de la zona VIP, fue Marino quien la recibió.

—Señorita Noyola, bienvenida. ¡Pase, por favor!

Sin embargo, Viviana no le hizo caso y le arrojó una tarjeta de crédito.

—Tengo un trabajito para ti.

Dicho esto, comenzó a susurrarle instrucciones al oído.

Después de escucharla, la expresión de Marino se tornó dubitativa.

—¿Hay algún problema?

Viviana le dejó entrever la generosa suma que había en la tarjeta.

Marino sonrió de inmediato.

—No se preocupe, sé perfectamente lo que hay que hacer.

Solo entonces Viviana se sintió satisfecha y añadió con énfasis:

—Asegúrate de hacerlo con discreción. Con todos los contactos que tienes, no dejes que nadie se dé cuenta para que no me involucren si algo sale mal.

Marino guardó la tarjeta.

—Descuide. Si no puedo encargarme de algo tan simple, más vale que me retire de este negocio.

Viviana sonrió, complacida. En cuanto a Daniela, al regresar le diría que le fue imposible convencer a Ivana y que, además, esta había sido muy grosera. ¡La vieja se pondría furiosa!

Una vez que todo estuviera hecho, estaba segura de que Ivana no podría volver a levantar la cabeza en la familia Zavala.

***

Pronto llegó la noche. La entrada del Onda Baja estaba repleta de autos de lujo, con clientes elegantemente vestidos entrando y saliendo.

Unos extranjeros que acababan de llegar, y que ya tenían referencias de Marino, lo buscaron a propósito.

—Señor, qué casualidad… nos volvemos a ver.

El extranjero había sido estudiante de intercambio en el país, así que su español no era malo, aunque tenía un acento peculiar.

—¡Esa está muy bien!

Una chispa de astucia brilló en los ojos de Marino, pero negó rápidamente con la mano.

—Imposible. Ella es nueva y no se dedica a esto. Ya conoce mis reglas: ambas partes deben estar de acuerdo. No quiero problemas ni responsabilidades.

Dicho esto, sacó su celular para mostrarle otras opciones.

Pero después de ver pasar a una belleza como esa, con un cuerpo voluptuoso y un perfume sutil, las fotos que le mostraba perdieron todo su encanto.

El extranjero negó con la cabeza una y otra vez.

Marino, al ver que ya le había picado la curiosidad, guardó el celular con aire de resignación.

—La mesera que acaba de ver es nueva. No tiene familia influyente, pero sí mucha necesidad de dinero. Parece que la mantenía alguien antes, por eso se da sus aires. Yo le aconsejo que mejor se olvide de ella.

Sin embargo, sus palabras solo lograron despertar el espíritu competitivo de William, quien se quedó pensativo.

A las once de la noche, cuando Ivana ya iba de regreso a casa después del trabajo, al dar la vuelta en una esquina, alguien la sujetó por la espalda y le tapó la boca.

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