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Llegas tarde: el divorcio ya está firmado romance Capítulo 68

Un olor raro le llenó la nariz de golpe.

Pronto, perdió el conocimiento y su cuerpo se desvaneció.

Las luces de neón la deslumbraban. Cuando abrió los ojos con dificultad, sintió que estaba en un carro.

Escuchaba voces a lo lejos, como si un velo las amortiguara, impidiéndole entender qué decían.

Parecían extranjeros hablando; mencionaron algo sobre una estación de esquí.

Quiso moverse, pero volvió a perder el conocimiento.

***

En otro carro, el chofer, Lionel, observaba de vez en cuando por el retrovisor el rostro del hombre en el asiento trasero.

Nelson estaba sentado con las piernas cruzadas, sosteniendo su celular con una mano y con una expresión indescifrable.

—Señor Zavala, ¿lo llevo al hospital o directamente a su casa? —preguntó Lionel en voz baja.

Nelson no debía estar pasándola bien últimamente, pues solo pedía que el chofer lo recogiera cuando estaba de mal humor.

Nelson no respondió. Se limitó a mirar su celular y abrió una conversación.

La primera pantalla estaba llena de colegas del hospital. Se desplazó un par de veces hacia abajo y vio un nombre familiar.

Su dedo se detuvo. Parecía que iba a presionar el chat del grupo de trabajo, pero, de alguna manera, se deslizó y abrió por accidente la conversación con el perfil familiar que estaba debajo.

El último mensaje que ella le había enviado fue hacía ya varios días: [¿Estás en el hospital?]

El tono parecía algo distante.

Más arriba, había mensajes aún más antiguos.

[¿Qué quieres cenar? Estos días casi no has comido. ¿Te preparo algo ligerito, un caldito o algo así?]

[Vengo de la calle y ya refrescó. ¿No tienes frío? ¿Te llevo una chamarra?]

[¿A qué hora regresas en la noche? Tráeme un postre, porfa. Ando en mis días y me siento mal.]

Eran mensajes sobre pequeñas cosas de la vida cotidiana, pero, sin excepción, ella siempre era la primera en escribir.

A veces enviaba dos mensajes seguidos y, tras un rato, mandaba otros, sin presionarlo para que respondiera pronto.

—¿Qué pasa, Yadira?

—Nelson, ¿tienes tiempo? Hoy todos quedamos de ir a esquiar, ¡y yo también quiero ir! Pero ya sabes cómo está mi pierna, así que quería preguntarte si podrías acompañarme.

—Claro, voy para allá.

No hacía falta que le diera la dirección. En esta época del año, en Corvila solo había una estación de esquí abierta.

Lionel conocía el camino, así que ni siquiera usó el navegador, pero a mitad del trayecto, descubrió que la carretera de adelante estaba cerrada.

Revisó la cuenta oficial de tránsito en redes sociales y vio la información del tráfico en tiempo real.

—Señor Zavala, hay una cumbre en Corvila estos días, por eso algunas de las carreteras cercanas están cerradas. Probablemente lleguemos unos treinta minutos más tarde de lo previsto.

Nelson recordó entonces la cumbre de cooperación que se estaba celebrando. «Con razón últimamente he visto tantas caravanas de extranjeros con caras desconocidas. Deben ser los embajadores de otros países».

—Toma un desvío. De todas formas, no hay prisa.

De repente, sintió una molestia en la nariz.

—¡Achú!

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