—¡En el fondo, todo esto es culpa de Ivana!
—Si ella no me hubiera robado a Nelson, y si no hubiera intentado prohibirme ir a la boda, yo no me habría emborrachado ese día. Nelson no habría tenido que llevarme a un hotel, y nunca me habría cruzado con ese viejo desgraciado que abusó de mí.
—¡Y luego, la esposa de ese infeliz pensó que fui yo quien lo sedujo, y por eso saboteó la utilería del escenario! ¡Yo soy la verdadera víctima aquí!
Mientras hablaba, las lágrimas caían por su rostro, dándole un aire frágil y desamparado.
Con un movimiento suave, dejó caer su camisón al suelo, tomó la mano de Adán y se la colocó sobre el pecho.
Adán estaba tan confundido que ya no sabía ni cómo reaccionar. Su mente había dejado de funcionar.
Todo parecía un sueño imposible, mientras miraba embelesado a Yadira.
Al ver que él no reaccionaba y temiendo ser rechazada, Yadira se pegó aún más a su cuerpo.
Adán extendió los brazos casi temblando y le rodeó la cintura, atrayéndola con fuerza contra él.
La poca decencia moral que había logrado reunir terminó rindiéndose ante esa mujer.
Todo su coraje se desvaneció frente a una simple lágrima de ella.
Yadira volvió a besarlo mientras lloraba, y al mismo tiempo comenzó a desvestirlo lentamente.
En el fondo se sentía asqueada, pero sabía que tenía que hacerlo.
Si se descubría que había incriminado a Ivana, Nelson jamás se lo perdonaría, ¡y su oportunidad con él desaparecería para siempre!
Aunque Nelson se negara a divorciarse de Ivana por ahora, su madre tenía razón: todavía quedaba mucho tiempo por delante. Ella podía esperar.
Por eso, este secreto tenía que quedar enterrado.
¿Y cuál era la mejor manera de asegurar el silencio de un hombre que siempre había estado enamorado de ella? La respuesta era obvia.
—Adán, te lo ruego... Tú siempre has sentido algo por mí, ¿verdad?
Yadira apretó los dientes y, sin dudarlo, desabrochó el cinturón del médico.
Ante semejante situación, ningún hombre podría resistirse.
La respiración de Adán se volvió agitada, y pronto dejó de ser el sujeto pasivo para tomar el control de la situación.
Yadira echó la cabeza hacia atrás, dejando que las lágrimas se secaran en sus mejillas.
«¡Nelson, por ti soy capaz de soportar lo que sea, incluso entregarme a otro hombre!»
La habitación pronto se llenó de sonidos de pasión, frenéticos y descontrolados.
Pero, justo en el punto más intenso, Yadira, en medio del éxtasis, gritó el nombre de Nelson.

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