Si Yadira se había atrevido a soltar semejante mentira con total seguridad, fue porque, en su subconsciente, seguía creyendo que Ivana reaccionaría como en el pasado.
En aquellos tiempos, cuando Ivana ya había tomado la decisión de divorciarse de Nelson, si llegaba a escuchar chismes o rumores malintencionados, ni siquiera se molestaba en buscarlo para pedirle explicaciones frente a frente.
Pero esta vez, Yadira cometió un error garrafal, porque se olvidó de un pequeñísimo detalle.
¡Ivana tenía amnesia!
Para ella, la figura del «esposo» ya no cargaba con ese peso emocional, por lo que no tenía ningún tipo de tabú o miedo a enfrentarlo.
Al salir del lugar, Ivana seguía con el ceño fruncido.
En ese preciso instante sonó su teléfono. Era Nelson.
Ivana contestó de inmediato. Nelson le pidió apresurada que fuera al hospital para verla, pero no a su clínica privada, sino al Hospital del Pueblo.
Ivana no lo pensó dos veces. Le venía de maravilla. Así podría confrontarlo directamente sobre ese asqueroso asunto.
En poco tiempo llegó al Hospital del Pueblo.
Su intención inicial era ir directamente al consultorio del profe Gonzalo, pero, para su sorpresa, Nelson estaba allí. Justo en ese momento empujó la puerta para salir y se topó con ella.
—Ya llegaste. La medicina de la tercera fase está lista, y vi que tus resultados de los análisis de esta mañana están normales. El profesor y su equipo la están preparando, ¡en un momento te llevaré con ellos!
Después de hablar sin parar por unos segundos, Nelson notó que Ivana lo estaba fulminando con una mirada extrañísima. Tenía el ceño tan fruncido que parecía tener un nudo en la frente.
—... ¿Pasa algo? ¿Por qué me miras así?
Ivana finalmente abrió la boca. Su tono desprendía una clara acusación.
—Doctor Zavala, ¿usted conoce a Yadira Dimas?

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Llegas tarde: el divorcio ya está firmado