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Lo Que Él No Quiso, Otro Lo Adoró romance Capítulo 5

Angélica durmió mal. A las cinco de la mañana, cuando aún no había salido el sol, se levantó a preparar el desayuno. Hizo una sopa nutritiva y unos huevos revueltos, una combinación que su tía siempre preparaba en casa.

La puerta principal se abrió. Angélica detuvo la espátula que sostenía en la mano.

Iván entró a la sala, escuchó el ruido en la cocina y lanzó una mirada hacia allá.

—Huele bien —su tono fue indiferente—. ¿Haciendo el desayuno?

Angélica apartó la mirada. Su ropa olía a desinfectante de hospital y su camisa blanca estaba completamente arrugada.

Angélica no pudo evitar preguntarse cómo habrían pasado la noche. En el silencio absoluto de esa habitación privada, cuando solo se escuchaba la respiración de dos personas, ¿qué habrían estado pensando? ¿Qué sentimientos florecieron en la oscuridad? Su mente la traicionó, imaginando manos deslizándose bajo la bata de hospital...

Sintió asco. Sacudió la cabeza para ahuyentar esos pensamientos.

—Hice el desayuno para llevárselo a mi tío al hospital —respondió secamente.

Iván soltó un simple "ah" y caminó hacia la habitación.

—Primero voy a cambiarme.

Angélica siguió removiendo los huevos en el sartén.

Iván entró a la recámara principal. El cuarto estaba inmaculado, la cama tendida a la perfección y las almohadas acomodadas de forma simétrica, como si nadie hubiera dormido ahí.

Abrió el clóset buscando su corbata gris oscuro, pero tras un buen rato no logró encontrarla. Ella siempre le organizaba todo, así que él jamás sabía dónde estaban sus cosas.

—Angie —la llamó desde la puerta.

Angélica se secó las manos y caminó hacia él.

Sin esperar a que él dijera nada, fue directamente al armario, abrió el segundo cajón de la izquierda y, entre un montón de corbatas enrolladas, sacó con precisión la gris oscura y se la entregó.

Iván la tomó y se la empezó a anudar frente al espejo.

A veces a él también le parecía extraño, Angélica parecía poder leerle la mente. Sin tener que abrir la boca, ella sabía exactamente qué necesitaba.

Probablemente por eso mismo hablaban cada vez menos. Todo lo que no era estrictamente necesario decir, se omitía.

Recordó cuando recién se habían casado. Ella hablaba muchísimo; le contaba qué había comprado en el mercado, que la gata de los vecinos había tenido crías, y le compartía cada pequeño detalle con entusiasmo.

Pero a él le molestaba, y siempre la interrumpía fríamente: *No me cuentes esas tonterías, no me interesa.*

Capítulo 5 1

Capítulo 5 2

Capítulo 5 3

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