Adriana abrió los ojos lentamente, con el sueño aún empañando su visión. Parpadeó un par de veces para aclarar la imagen y se encontró con el rostro de Solana, su apariencia radiante y su sonrisa dulce. Aún se sentía aturdida por la confusión de sus pensamientos y emociones. Recordó que luego de terminar había ido como una zombie a su habitación, demasiado confundida por lo que acababa de pasar con su niñera, no pudo siquiera hacer los pendientes de su trabajo para la empresa de seguridad en la que también trabajaba con Dante y de la que se ocupaba remotamente haciendo su actividad la mayoría de los días con la modalidad de Home Office. Muy agotada como para trabajar y lo suficientemente confundida para poder concentrarse, se había recostado pensando en la joven niñera.
Por un lado se sentía agotada física y mentalmente, y por el otro estaba demasiado confundida por lo que acababa de pasar, Solana la seducía y realmente la complacía de un modo en que hacía mucho no se sentía complacida por su marido y eso la conflictuaba… le recordaba un poco a Ludmila… pensando en ella creyó que quizá podría llamarla… necesitaba una opinión femenina, pero otra parte de ella sentía vergüenza, sentía que era algo muy íntimo entre Solana y ella y no quería contarle a nadie más, de solo pensar en cómo la había tocado y lamido, hacía que sus bragas se mojaran pidiendo más y más.
Envuelta en confusión terminó quedándose dormida, y cuando despertó, el sol había caído un poco aunque aún no era de noche por completo. Sino era más bien el ocaso.
—¿Qué hora será? — preguntó Adriana para sí , en voz alta, mientras bostezaba y se estiraba perezosamente.
— Son casi las cuatro de la tarde. Dormiste mucho tiempo, parece que tu cuerpo lo necesitaba — contestó Solana desde la puerta sobresaltando a la joven mamá.
Moviendo las caderas se acercó y, con cierta sorpresa, Adriana observó cómo la muchacha se arrimó a la cama y se sentó a su lado como si nada hubiera pasado entre ellas.
— Necesito trabajar, tengo muchas cosas por hacer — susurró Adriana con un hilo de voz, incapaz de ocultar su desgano, pero buscando una excusa para alejar a la muchacha de su cama.
Solana acarició suavemente el brazo de Adriana, transmitiendo su calma y comprensión… y algo más que erizó la piel de Adriana. Habían compartido momentos tan íntimos y especiales que la conexión entre ellas parecía haberse vuelto más profunda todavía, y parecía que se conocían de más tiempo aunque prácticamente fue solo un momento.
— Lo sé, pero también noto como te sientes abrumada. Descansa un poco más y luego verás si estás mejor ¿Te parece?. Recuerda que estoy aquí para apoyarte en lo que necesites, para eso me has contratado al fin de cuentas ¿no? — dijo Solana con una sonrisa que aparentaba ser tierna.
Adriana asintió levemente, dejándose llevar por la tranquilidad que Solana le transmitía. Era una sensación nueva para ella, sentirse cuidada y comprendida de esa forma, algo que había estado necesitando ese último tiempo, alguien que cuidara de ella y se hiciera cargo de todo por un momento…eso hacía que la embargara una especie de calma como en mucho tiempo no sentía tampoco, con los niños, Dante y todo.
Sin embargo, la idea de compartir sus dudas con Ludmila aún rondaba por su mente. Sintiendo que lo de Solana, apenas comenzaba...

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