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Loca por mi padrastro romance Capítulo 35

El intenso aroma de la habitación invadió sus sentidos al abrir los ojos. Pero no reconocía el lugar en el que se encontraba. Todo estaba oscuro y la sensación de incomodidad la abrazaba con fuerza. Adriana intentó mover sus manos y pies, pero se dio cuenta de que estaba atada a la cama. El pánico comenzó a apoderarse de su ser y un grito desesperado escapó de sus labios.

— Dante, ¿dónde estás? ¡¡Dante!!.— exclamó Adriana entre sollozos y con una voz cargada de miedo.

En ese momento, la figura de un hombre se aproximó a su cama. Sus cabellos ya no eran oscuros, sino que habían adquirido un tono grisáceo y su rostro estaba marcado por el paso del tiempo, aunque seguía siendo notablemente atractivo.

—¿Por qué estoy aquí? ¿Qué ocurrió Dante? ¿Dime mi amor? — preguntó Adriana, confundida y temerosa. tenía los ojos cargados de lágrimas y una sensación creciente de histeria apoderándose de ella.

El hombre suspiró profundamente, mostrando una expresión de tristeza y duda.

—:No soy "tu amor", querida. Soy tu padre...— respondió con un tono cansino y apesadumbrado.

Adriana quedó en silencio por un momento, tratando de procesar la información que acababa de recibir. Sus ojos se llenaron de lágrimas mientras veía al hombre ante ella, quien negaba ser el amor de su vida. Miró a su alrededor, las paredes eran blancas, ella estaba atada, no había que ser una luz para notar lo que ahí pasaba.

En ese instante, la puerta se abrió y un médico entró en la habitación. Caminó con paso calmado y se acercó a Adriana, quien aún seguía atada a la cama.

— Lamento informarle que el último tratamiento que hemos realizado no ha sido efectivo, querida. Actualmente, vive en un delirio constante en el que cree que su padre es su esposo Dante y no logramos revertir su cuadro...— pronunció el médico con voz serena pero cargada de tristeza.

Desde la puerta entreabierta, apareció la figura de una mujer. Era Catalina, la madre de Adriana, pero su apariencia se asemejaba demasiado a la de su hija y no era así como ella la recordaba, la joven se sintió confundida. Adriana la miró con ojos llenos de esperanza y desesperación.

— ¡Mamá, soy yo, Adriana! —exclamó llorando desconsoladamente —. ¿Qué hago aquí??? SÁQUENME DE AQUÍ — gritó con desesperación en su voz.

El médico se acercó a su lado y colocó una mano suavemente sobre su hombro.

— Ella es Adriana, tu madre, y tú eres Catalina. El delirio te ha confundido, mi querida...

Adriana no podía aceptar la realidad que se le presentaba frente a sus ojos. Gritó con todas sus fuerzas, sintiendo cómo la desesperación la invadía por completo y sintió como si una especie de abismo la tragara, eso era una completa locura.

— QUÉ CAZZO DICE, DANTE ES MI MARIDO, TENEMOS DOS HIJOS, YO SOY SU MUJER ADRIANA — Dante y la mujer que lo acompañaba, la miraron con pesar y abandonaron la habitación mientras ella repetía lo mismo sin ton ni son.

En ese momento, una enfermera con rasgos similares a los de Solana apareció en la habitación. Con cuidado y sin poder apartar su mirada de la atractiva muchacha atada, inyectó a Adriana una sustancia que la sumió en una profunda inconsciencia.

El silencio volvió a reinar en la habitación, mientras el médico observaba a la joven en aquella cama. Las lágrimas habían empapado sus mejillas. Él negó con pesar pues sabía que el delirio se apoderaría nuevamente de la jovencita en cuanto despertara.

El destino parecía cruel con la muchacha, quien estaba atrapada en un torbellino de confusiones y percepciones distorsionadas...

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Dante se despertó sobresaltado al escuchar los sollozos de Adriana. La vio sobresaltada en la cama, con lágrimas corriendo por su rostro y una expresión angustiada, aunque aún parecía adormilada. Sin pensarlo dos veces, se arrimó ella y la abrazo con fuerza.

— Adriana despierta , despierta amor— susurró. Y la agitó hasta que se incorporó hecha un mar de lágrimas —¿Qué sucede, amore mío? ¿Por qué estás llorando? No podía despertarte, estabas soñando — dijo Dante, preocupado.

Adriana no pudo contenerse y se aferró aún más a él. Entre sollozos, logró decir:

— Fue horrible ...espantoso — dijo y se aferró a él como si de su tabla de salvación se tratara.

Dante, acariciando su cabello, intentó tranquilizarla:

— Cara mía, no te preocupes. Estás bien, estás conmigo...

— Pero tú te irás a Londres y me dejarás sola... Y me siento tan perdida y angustiada, no quiero que te vayas — respondió con voz entrecortada.

— Mi niña...No dejaré que nada ni nadie nos separe. El viaje a Londres es algo temporal simplemente, pero nuestro amor es más fuerte que cualquier distancia que pueda entrometerse. Siempre estaremos juntos. Y lo sabes...

Adriana rompió en un llanto aún más desconsolado. Dante, preocupado, decidió confesarle algo que había estado guardando desde hacía tiempo. Así que hizo una pausa y, con voz serena, le dijo:

Capítulo 35 Fin 1

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