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Loca por mi padrastro romance Capítulo 33

Luego de hablar con Dante, su intención de charlar con Solana se vio interrumpida por un tema de trabajo, que demandaba su atención así que lo postergó y lo que quedó del día la evitó aunque los intentos de la joven por avanzarla eran más que obvios ella hizo todo lo posible por ignorarla, incluso se encerró en su cuarto con la bebé para poder evadirla mejor.

Sin embargo al otro día, la cuestión se hizo insostenible cuando le hizo una insinuación delante de su ama de llaves durante la comida lo que la orilló a, después del almuerzo que habían tenido, ir a su habitación.

Claro que cualquier intención de cortar con ese vínculo enfermo dio por tierra en cuanto entró al cuarto de la muchacha.

Ella prácticamente se le abalanzó y la carne de Adriana era más débil de lo que le hubiera gustado.

— Sabes que acá puedes ser muy feliz... conmigo... — le decía mientras la besaba y metía la mano bajo su falda para buscar su clítoris y acariciarlo como sabía que a ella le gustaba.

— Por favor…espera…— susurró a duras penas entre beso y beso —. Mira, estos últimos días han sido…— calientes pensó pero no lo dijo —... fuera de lo común...

— Maravillosos y pecaminosos, contigo mami…

— NO soy tu mami no me digas así, aggghhh— dijo y suspiró pues la había penetrado con los dedos y había comenzado a masturbarla mientras la arrastraba a la cama Con sus dientes Solana bajó el frente de su vestido de lycra y su brassier y agarró uno de sus pechos con su boca para empezar a chupar el pezón con desesperación y beber de su leche también.

— Por Dios— exclamó Adriana con un sonido ronco.

— Si, soy tu diosa personal de sexo…— gimió Solana y siguió masturbandola mientras Adriana no podía dejar de mirarla —... sabes que quieres más pequeña — le dijo con un tono de voz sensual y luego la abrazó para frotar su cuerpo contra el de ella.

Las manos de la muchacha fueron a sus tetas y las masajearon sacando un gemido de placer desde lo más profundo de su garganta.

Luego, estas fueron reemplazadas por su boca, que fue recorriendo su cuerpo con lamidas que iban desde su cuello hasta su ombligo y luego con una mirada de perversa satisfacción se escabulló entre sus piernas, luego de arrancar sus bragas prácticamente también con sus dientes.

Adriana la agarró de los hombros para sostenerse mientras la lengua juguetona de la muchacha hurgaba entre los pliegues de su vagina como si buscara ir hasta lo más recóndito de su intimidad mientras Adriana agarraba su cabello y tiraba de él, y murmuraba cosas sin sentido solo producto de ese inmenso placer.

La niñera comenzó a penetrarla con sus dedos mientras lamía y succionaba su clítoris sin piedad, hasta que sus piernas empezaron a temblar de forma incontrolable.

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