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Los Secretos de la Hija Recuperada romance Capítulo 1056

Ulises apretó los puños inconscientemente sobre la tela de su ropa. Levantó la vista ligeramente, esbozando una sonrisa que pretendía ser honesta y humilde, y dijo:

—Señorita, tal vez me vio la semana pasada cuando regresó a casa.

Aunque Ulises temía ser reconocido por Almendra, ya había trazado su plan mentalmente.

Si se había atrevido a venir a la mansión de los Reyes, no tenía miedo de que supieran que él era el padre biológico de Betina.

¿Acaso la familia Reyes no se llenaba la boca diciendo que trataban a su hija como si fuera de su propia sangre? Pues entonces, que lo traten a él también como a uno de la familia.

Almendra adivinó de inmediato qué clase de cuentas alegres estaba haciendo Ulises.

Las comisuras de sus labios se curvaron levemente, mostrando una sonrisa sutil cargada de una intención indescifrable.

—¿Ah, sí? Pero, ¿por qué tengo la sensación de haberte visto mucho antes?

Ulises mantuvo la cabeza gacha, sin atreverse a mirar a Almendra a los ojos.

Frida y Simón, confundidos, miraban alternativamente a su hija y al jardinero.

—Alme, él llegó a trabajar a casa apenas la semana pasada. ¿No te estarás confundiendo?

Almendra soltó un «ah» repentino, como si acabara de recordar algo importante.

—Recuerdo que hace tiempo alguien fue a armar un escándalo a la entrada de las oficinas de Casa Alma, diciendo que...

Ulises sintió un escalofrío al sentir la mirada de ella clavada en él.

¡Maldita sea! Justo tenía que meter el dedo en la llaga. ¿No podía simplemente decir que él era el padre de Betina y ya? ¿Para qué sacar los trapos sucios del pasado? De todas formas, aquella vez que fue a gritar a su empresa, ella no le soltó ni un peso. ¡Tacaña!

—¿Eh? Alme, ¿te refieres a él? —Frida captó el trasfondo en las palabras de Almendra.

Almendra volvió a escudriñar a Ulises de arriba abajo y asintió.

—Es él, no me cabe duda. Gritaba a los cuatro vientos que era el padre biológico de Betina y me exigía dinero, alegando que él y yo éramos familia. ¿Y ahora resulta que viene a trabajar de jardinero a nuestra casa?

Con esa revelación, no solo Frida y Simón se quedaron helados; hasta los empleados de alrededor se quedaron boquiabiertos.

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