¡Era lógico que no viera a Almendra!
Frida, como si hubiera leído sus pensamientos, señaló a otra empleada.
—Helena, Liliana se encarga de la comida y el cuidado de Betina. De ahora en adelante, tú te encargarás de Alme.
Aunque Helena no tenía la misma antigüedad que Liliana en la casa de los Reyes, llevaba casi siete años trabajando allí. Era una mujer responsable y trabajadora, y ya tenía a dos empleadas a su cargo. Ascenderla para que cuidara de Alme era lo más adecuado.
Helena, halagada por la sorpresa, se acercó y asintió, prometiendo:
—Sí, señora, no se preocupe. Cuidaré muy bien de la señorita Almendra.
¡Betina estaba tan enojada que quería gritar!
Si querían asignarle una empleada personal a Almendra, que lo dijeran directamente, ¿por qué tenían que usar a Liliana como excusa?
Bajo la supervisión de Frida, Almendra se tomó su bebida de maca y chía, y luego subió a su habitación.
Betina corrió detrás de ella y, justo cuando estaba a punto de abrir la puerta, la llamó.
—¡Hermana! ¿Te gusta Fabián?
Almendra se dio la vuelta y la miró con expresión fría.
—¿Y a ti qué te importa?
—¡Sí me importa! —asintió Betina con firmeza—. ¡Antes de que tú llegaras a esta casa, él era mi prometido!
Lo que quería decir era: «¿Sabes que me robaste a mi prometido?».
—Pero a él no le gustas —dijo Almendra, y sin más, abrió la puerta y entró en su habitación.
Mirando la puerta cerrada, Betina se mordió el labio inferior.
Era verdad.
Esa noche se había dado cuenta de que, al parecer, a Fabián no le gustaba ella.
Pero si Almendra no hubiera regresado, Fabián seguiría siendo su prometido, y algún día, ¡él se habría enamorado de ella!
¡Almendra había arruinado todo!
—Señorita Betina, ya es tarde, debería ir a descansar —la voz suave de Liliana sonó detrás de ella.
Betina apretó los puños y regresó a su habitación. En cuanto cerró la puerta, pateó con rabia un costoso muñeco de peluche que estorbaba en su camino y, con los ojos enrojecidos, le preguntó a Liliana con indignación:
—Señorita Betina, los sentimientos de un hombre pueden cambiar. Además, la señorita Almendra siempre anda con esa cara larga, tan fría. ¿A quién le gusta alguien así? Usted es atenta y dulce. Mientras no se hayan casado, ¡todo es posible! No se preocupe, yo siempre estaré de su lado, siempre la apoyaré.
Betina se sintió inmensamente conmovida.
—Liliana, eres tan buena conmigo, mejor que mis papás. ¡Ahora solo piensan en Almendra y no les importan mis sentimientos!
Liliana le dio unas palmaditas en el hombro.
—La señorita Betina es tan bonita y sensata, mucho mejor que la señorita Almendra. Ya verá, tarde o temprano se darán cuenta de quién es la hija de la que deben estar más orgullosos.
—¡Sí!
Después de volver a su habitación, Almendra se dio una ducha.
Apenas salió del baño, escuchó su celular sonar sin parar. Mientras se secaba el pelo, se acercó. Justo cuando llegó, el timbre se detuvo. Vio que tenía 36 llamadas perdidas.
Ella: …
Enseguida, la pantalla se iluminó de nuevo. Mostraba: «Prometido».
***

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