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Los Secretos de la Hija Recuperada romance Capítulo 1144

Betina se quedó de una pieza.

¿Qué? ¿El hombre con el que se "veía" Almendra era Arturo, el hijo de la señora Zúñiga?

¡Arturo es el hijo único del Secretario de Defensa! Su estatus es intocable. Con razón su madre siempre anda con la nariz levantada. Y ahora resulta que… ¿ese Arturo se junta con Almendra?

¿Tanto vale saber pintar? ¡Ja!

Betina sentía que iba a explotar de la envidia.

La señora Zúñiga se aclaró la garganta y miró a Frida con una sonrisa zalamera:

—Señora Tapia, la verdad es que desde la primera vez que vi a la señorita Almendra sentí una conexión especial. Estaba pensando que…

Arturo, alarmado, le tocó el brazo a su madre.

—Mamá, ¿qué estás diciendo?

Pero la señora Zúñiga lo ignoró y siguió:

—Pensaba que… si la señorita Almendra está dispuesta, podría considerar a nuestro Arturo. Es un chico centrado, detallista y muy cuidadoso. Él…

—Señora Zúñiga, por muy excelente que sea su hijo, Alme ya está comprometida con mi nieto mayor, Fabián. Me parece que su comentario está fuera de lugar.

La voz potente de Esteban Ortega resonó desde la entrada.

El corazón de la señora Zúñiga dio un vuelco. ¡El patriarca de los Ortega! ¿Qué hacía aquí?

Su plan era tantear el terreno para robarse a la nuera de los Ortega, pero ser atrapada con las manos en la masa era una vergüenza monumental.

Arturo estaba rojo hasta las orejas. ¡Le había dicho a su madre que no dijera nada!

Frida y Simón corrieron a recibir a don Esteban.

—Don Esteban, ¿por qué no avisó? Hubiéramos salido a recibirlo.

Con alguien de su calibre, lo normal era que los menores esperaran en la puerta. Pero él ya estaba en la sala y nadie les había avisado. ¿Qué hacían los guardias? Y los Zúñiga también habían llegado sin previo aviso. Qué falta de protocolo.

—Don Esteban, fue una imprudencia mía. No sabía que la señorita Almendra tenía compromiso con la familia Ortega, por eso hablé de más.

Arturo se apresuró a aclarar:

—Don Esteban, por favor no malinterprete. Mi madre solo hablaba por hablar. La señorita Almendra y yo no tenemos nada, de verdad solo fue una cena sencilla.

Arturo no quería causarle problemas a Almendra con su familia política.

Al escuchar eso, Esteban se relajó un poco, aunque los chismes de internet seguían disparándole la presión arterial.

—Nosotros confiamos en Alme. ¿Qué chica no tiene amigos varones? Lo imperdonable es la persona que tomó esa foto y se puso a inventar basura. ¡Hay que encontrarla y castigarla!

Esteban se sentó lentamente en el sofá y golpeó el suelo con su bastón para enfatizar.

—Fue Isidora.

Una voz clara y fresca llegó desde las escaleras.

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