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Los Secretos de la Hija Recuperada romance Capítulo 141

Fabián se sentía como un idiota. Se suponía que la estaba siguiendo para protegerla, pero no solo se le perdió, sino que ni siquiera llegó a tiempo para la pelea.

—¿Estás herida? —se acercó y, sin pensarlo, empezó a revisarla de arriba abajo.

Estaba tan nervioso que se le olvidó por completo la distancia que se debe guardar. Además, en su cabeza, Almendra ya era su prometida.

A Almendra, ese gesto tan íntimo la incomodó un poco. Dio un paso atrás y carraspeó.

—Estoy bien.

Víctor, que por fin podía respirar, tenía ganas de llorar. ¡Los que no estaban bien eran ellos!

Fabián se aseguró de que Almendra de verdad no tuviera ni un rasguño y por fin se relajó. Al voltear y ver a todos los tipos de negro tirados en el suelo, se quedó impresionado una vez más. Daba igual si esos matones eran buenos o no, la que era una fiera peleando era Almendra. Hasta él, que era hombre, sentía una profunda admiración.

—¿Quién los mandó? —le preguntó a Almendra, con la mirada endurecida.

—Unos peces gordos de la empresa que no valen la pena. Nada de qué preocuparse.

Fabián entrecerró los ojos.

—¿Fue el tal Patricio?

Eso sí que sorprendió a Almendra.

—¿Cómo supiste?

Fabián carraspeó, algo incómodo.

—Me preocupaba que no pudieras con él, así que le pedí a Martín que lo investigara.

Almendra entendió.

—Yo puedo encargarme.

—Martín ya descubrió varios de sus delitos y está juntando las pruebas. Se va a pasar el resto de su vida en la cárcel.

Almendra sonrió.

—Pues muchas gracias.

No se esperaba que Fabián actuara más rápido que ella. De todas formas, cuando planeaba meter a Patricio a la cárcel, no pensaba dejarlo salir. En cuanto a Néstor y Olga, sin contar sus crímenes anteriores, solo con el intento de secuestro de esa noche era suficiente para que la policía los arrestara de inmediato y reuniera a toda la familia tras las rejas.

Fabián le revolvió el pelo con cariño.

Cuando Almendra vio a Martín pasar cajas y bolsas del carro de Fabián al suyo, se quedó sin palabras.

—Tú… —lo miró, sin saber qué decir.

Todavía no tenía idea de cómo le iba a presentar a su abuela a este hombre.

—Solo dejo las cosas en la casa y me voy a esperarte al carro. No voy a interrumpir para nada su reencuentro.

Fabián era consciente de que, por ahora, él no era nadie oficial en la vida de Almendra, así que ella no podía presentárselo a su abuela. Tenía que apurarse a ganarse un lugar.

—De acuerdo.

Almendra asintió y se subió primero al carro. Fabián se apresuró a seguirla.

Martín vio cómo el carro de su jefe y Almendra desaparecía y su expresión cambió por completo. Se giró para ver a los tipos que ya se estaban levantando y su mirada se volvió glacial. Sin decir una palabra, se lanzó sobre ellos y les dio una paliza. En dos minutos, todos estaban de nuevo en el suelo.

—¡Quédense quietecitos! —resopló, y se sacudió el polvo inexistente de las manos antes de llamar a sus hombres para que vinieran a recogerlos.

***

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