Rodrigo asintió efusivamente.
—Claro, eso es obvio. Si la donante no está de acuerdo, ¿cómo se va a hacer la cirugía?
Como Susana estaba ahí, Rodrigo no se atrevió a ser más explícito.
—Hablen bien con Susana. Si ella acepta, la operación se puede programar en los próximos días. La situación de Braulio ya no puede esperar.
Valeria también se emocionó. ¡Qué maravilla! ¡Su adorado Braulio por fin se iba a salvar!
Justo cuando estaban celebrando, la anciana añadió:
—Pero antes, tengo una condición.
Rodrigo respondió con una sonrisa:
—La que sea, mamá. Dila sin miedo. Con tal de salvar a Braulio, no solo una, ¡diez condiciones te aceptamos!
Al oír eso, Valeria le lanzó una mirada de reproche. ¿Se había vuelto loco? ¿Aceptar las condiciones de la vieja así como así? De pronto, tuvo un mal presentimiento.
Y no se equivocaba. Escuchó a la anciana decir con voz firme:
—Vayan y pídanle una disculpa sincera a Almendra. Discúlpense por la estupidez que cometieron al echarla de la casa.
Rodrigo no había dicho ni una palabra cuando Valeria saltó.
—¿Y por qué tendríamos que disculparnos con ella? ¡La familia Farías la mantuvo por dieciocho años sin esperar nada a cambio y ahora quieres que le pidamos perdón! ¡Mamá, en serio que ya perdiste la cabeza!
Rodrigo intentó callarla.
—¡Cállate!

VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Los Secretos de la Hija Recuperada