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Los Secretos de la Hija Recuperada romance Capítulo 156

Fabián, al ver la oscuridad, le tomó la mano a Almendra instintivamente. En el momento en que sus pieles se tocaron, una corriente eléctrica pareció recorrerlos a ambos, una sensación electrizante y sutil que les aceleró el corazón.

—Suélta… suéltame —dijo Almendra, incómoda, intentando zafarse sin éxito.

Menos mal que estaba oscuro, porque si no, Fabián habría notado el ligero rubor en sus mejillas.

—Me da miedo la oscuridad —respondió él, con toda la naturalidad del mundo, apretando con más fuerza su mano delgada y suave.

Almendra solo pudo soltar una risita mental. ¿Miedo a la oscuridad? ¿El heredero de la familia Ortega, el hombre al mando del Grupo Ortega, el condecorado exgeneral, con miedo a la oscuridad? ¿Quién se lo iba a creer? Ella, desde luego, no. Pero no podía hacer nada, así que lo dejó que la siguiera sujetando.

Guiándose por su memoria, Almendra caminó a través de la penumbra hacia el almacén, con Fabián pegado a ella. Justo antes de llegar, escucharon un murmullo de voces desde adentro.

—Escúchame bien, a las dos de la madrugada voy a mandar gente a que se lleve toda esta mercancía. Tú te encargas de cuadrar las cuentas para que no quede ni un solo rastro. Si algo sale mal, estamos muertos los dos.

—¡Llevo días haciendo horas extra en el departamento de finanzas para cubrirles sus desastres!

—¡Ja! ¡Como si ustedes no se hubieran llevado su tajada!

—Lo que me dan son migajas, ¡y ahora que hay problemas, quieren que yo les limpie el cochinero!

La discusión subió de tono y casi terminan a los golpes. Almendra entrecerró los ojos. Eran las voces de Raúl, el jefe de producción, y Teodoro, el de finanzas. Sonrió para sus adentros. Sabía que en ese departamento había algo turbio.

—Total, si todo se viene abajo, el que va a pagar los platos rotos es el director Néstor. Al fin y al cabo, él y su esposa planearon todo —dijo Teodoro, tratando de calmar a Raúl.

Pero Raúl no estaba tan seguro.

—Me temo que esta vez el director Néstor también está en problemas. Ni siquiera ha podido sacar a su hijo de la cárcel. Esa nueva directora Reyes no es cualquier cosa. Más nos vale andarnos con cuidado.

Raúl cerró el almacén con llave, echó un último vistazo y apagó la linterna de su celular antes de irse por un lado y Teodoro por el otro.

Detrás de una alta estantería, Almendra estaba apretada contra el pecho de Fabián. Sus cuerpos estaban tan juntos que la situación era increíblemente íntima. Aunque Fabián no veía nada, el aroma fresco de Almendra y las curvas de su cuerpo lo estaban volviendo loco. Sentía que su respiración se volvía pesada y el corazón le latía con fuerza.

Ella era una tortura. Si seguían así, no iba a poder controlarse.

Apenas se movió un centímetro, cuando Almendra susurró:

—No te muevas.

***

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