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Los Secretos de la Hija Recuperada romance Capítulo 182

Al parecer, sus jefes estaban perfectamente cuerdos.

Los de seguridad arrojaron a Rodrigo sin miramientos fuera del edificio. Desaliñado, levantó la vista hacia la imponente torre que se perdía en el cielo, sintiendo una mezcla de rabia e impotencia.

¿Se sentían muy importantes por ser una empresa grande?

¿Así nada más le daban la espalda?

¡Capitalistas despiadados!

Y pensar que él los había idolatrado, que había visto a CASA ALMA como un dios en el mundo de los negocios. ¡Y ahora, de la noche a la mañana, querían hundir a Grupo Farías!

Cancelar el contrato de esa forma era como sentenciarlo a muerte.

Le daba vueltas y vueltas al asunto, pero no lograba entender en qué momento los había ofendido. ¡Empresa de porquería!

Mientras se atormentaba, sonó su celular. Era Valeria.

—¿Qué quieres? —contestó, irritado.

Al escuchar su tono, Valeria sintió un vuelco en el corazón. Su voz se suavizó al instante.

—¿No… no se arregló nada?

La ira de Rodrigo estalló.

—¡Son unos desgraciados! ¡Me dijeron que cancelan el contrato y punto, sin darme una sola explicación! ¡Nunca había visto algo así!

—Cálmate, mi amor. Si no se pudo hoy, lo intentas mañana. CASA ALMA es una marca internacional enorme, todos los días tienen a cientos de empresas queriendo trabajar con ellos. Tenemos que pensar bien qué vamos a hacer.

Antes de ir, Rodrigo estaba convencido de que solo querían presionarlo para bajar los precios. Ahora estaba claro que no era eso. Simplemente, ya no querían tener nada que ver con Grupo Farías.

Seguramente habían encontrado un proveedor mejor.

Era la única explicación que se le ocurría.

—Bueno. Te cuelgo.

Apenas terminó la llamada, el celular volvió a sonar.

¡Y esa maldita Almendra! No solo la había bloqueado, sino que, aunque intentó con números nuevos, ¡seguía sin contestarle!

—Mamá, ¿mi papá… no pudo arreglar nada? —preguntó Susana a su lado, con cautela.

Desde niña, había sufrido tanto en casa de los Borrero, había recibido tantos golpes, que había aprendido a leer el ambiente a la perfección.

Valeria negó con la cabeza.

—Surgió un problema, pero no te preocupes. CASA ALMA ha sido nuestro cliente por años, no van a terminar una relación de tanto tiempo así como así.

Miró a Susana, cuya mejilla ya estaba menos hinchada, y pensó que era momento de hablarle sobre la donación del riñón.

Después de todo, la abuela había dicho que en estos días le pediría a El Santo que viniera a operar a Braulio.

—Sí, confío en mi papá. El problema es que no logro contactar a Almendra. Si no podemos verla, no podremos disculparnos y no sé qué le vamos a decir a la abuela —dijo Susana, soltando un suspiro.

Solo mencionar a Almendra hizo que el rostro de Valeria se contrajera de furia.

—¡Esa salada! ¡Cada vez que aparece, algo malo pasa! ¡Y para colmo, para la operación de tu hermano, esa vieja pelleja quiere que le pidamos perdón a esa zorra para que ella se digne a llamar a El Santo! ¡Ya está chocheando, se le pudrió el cerebro! ¡Si por su culpa se retrasa la cirugía de Braulio, juro que me encargo de que esa vieja momia se muera de una vez por todas!

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