—Claro.
Cuando Almendra terminó dócilmente su agua de chía, Fabián tomó el termo con una mano y, con la otra, la tomó de la suya para dirigirse hacia el elevador.
«La pequeña debe estar muerta de hambre, tengo que llevarla a comer ya», pensó.
Rodrigo, que acababa de instalar a Susana, venía del otro lado. No distinguió el rostro de Fabián, pero sí vio cómo un hombre alto y de porte elegante tomaba de la mano a Almendra y entraba con ella en el elevador.
Se quedó paralizado en el sitio, completamente estupefacto. «Esta Almendra… apenas sale del quirófano y ya tiene a un hombre esperándola. ¡Qué desvergonzada! ¡Está manchando la reputación de ser discípula de El Santo!».
Y él que pensaba que por fin tenía una habilidad decente con la que ganarse la vida. ¡Pero no, seguía siendo la misma de siempre!
¿A estas horas de la noche todavía iba a andar de vaga con un hombre?
¡Si fuera su hija biológica, le rompería las piernas!
Supuso que si Almendra ya había salido del quirófano, su hijo también lo habría hecho. Pero al llegar a la puerta, vio que solo Valeria seguía allí, caminando de un lado a otro con ansiedad.
—¿Qué pasa? ¿Por qué Braulio no ha salido todavía?
Valeria también estaba impaciente. No sabía cuánto más tendría que esperar. Esa maldita de Almendra no le había dado una hora concreta, seguro que lo hacía a propósito para mantenerlos en vilo. ¡Qué odiosa!
—¡No lo sé! Esa zorrita de Almendra ya salió, dijo que siguiéramos esperando, pero no dijo cuánto tiempo. ¡Yo creo que lo hace a propósito para no dejar salir a Braulio y mantenernos así de angustiados, es una miserable!
Cuanto más lo pensaba, más se enfadaba Valeria. ¿Cómo pudo dejar que Almendra se fuera así como si nada?
Si no hubiera visto a Almendra irse con aquel hombre, Rodrigo probablemente le habría dicho a Valeria que estaba exagerando. Pero ahora, con Braulio todavía dentro y Almendra habiéndose largado con un tipo, dejando a los familiares del paciente plantados sin darles una hora concreta, ¡demostraba una total falta de responsabilidad!
—¿Y qué podemos hacer? Fuiste tú la que insistió en echarla de casa. Es normal que quiera aprovechar la oportunidad para vengarse un poco de nosotros.
Al oír esto, Valeria se alteró aún más.
—¿Cómo que yo la eché de casa? ¡Sus padres biológicos vinieron a buscarla! ¿Acaso podía retenerla por la fuerza? ¿De qué lado estás? ¡Yo soy tu esposa! ¿Por qué siempre defiendes a esa zorrita de Almendra?
Rodrigo no tenía energía para discutir con Valeria. El trabajo en la empresa lo había dejado agotado, y ahora que la cirugía de su hijo por fin había sido un éxito, solo quería sentarse y respirar hondo, para sentir que todavía estaba vivo.
VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Los Secretos de la Hija Recuperada