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Los Secretos de la Hija Recuperada romance Capítulo 224

Tobías asintió.

—De acuerdo.

Almendra se quitó el traje estéril y salió del quirófano.

Tan pronto como salió, vio a Valeria estirando el cuello para mirar hacia adentro. Al verla, Valeria se quedó perpleja por un instante y luego corrió hacia ella.

—¡Almendra! ¿Y Braulio? ¿Cómo está Braulio? ¿Por qué no ha salido todavía?

Almendra respondió con un tono indiferente:

—Se quedó adentro en observación.

—¿Observación? ¿No fue la cirugía un éxito? ¿Por qué tiene que quedarse en observación? ¿Nos están ocultando la verdad?

Almendra frunció el ceño.

—Tienes dos opciones.

Valeria abrió los ojos de par en par, con el corazón encogido. ¿Acaso había ocurrido algún imprevisto?

—Una, vete a un cuarto a dormir. Dos, sigue esperando aquí a que salga.

Dicho esto, Almendra dejó de prestarle atención y se dispuso a marcharse.

—¡Almendra! —la llamó Valeria, desesperada.

Almendra se detuvo y se giró para mirarla.

—Ah, por cierto. No olvides que me debes una disculpa pública.

Valeria se quedó sin palabras.

***

Al salir del área de quirófanos, Almendra sacó su celular. Tenía muchísimas llamadas perdidas y mensajes sin leer.

De sus padres, de Fabián, del señor Esteban, de Mauricio y también de Eva.

Suspiró.

Simón y Frida sabían que tenía una cirugía por la noche y le habían estado preguntando cada una o dos horas si ya había terminado.

No sabía si ya estaban dormidos, así que no se atrevió a llamar para no molestarlos. Les envió un mensaje diciendo que acababa de salir del quirófano para que no se preocuparan.

A los dos segundos de haber enviado el mensaje, recibió una llamada de Frida.

—Te traje algo de comer.

Justo cuando Fabián terminó de hablar, una figura alta e imponente apareció frente a ella.

En ese instante, el corazón de Almendra se conmovió. Bajó lentamente la mano que sostenía el celular.

Fabián se acercó, y sus profundos e insondables ojos negros revelaron una genuina preocupación.

—¿Estás cansada? —preguntó, mientras le ofrecía un termo rosa—. Primero, bebe un poco de agua de chía.

Almendra no había comido nada antes de la operación. Durante las siete horas de cirugía, había trabajado con una intensidad física y mental enormes, sin tiempo siquiera para beber un sorbo de agua. Ahora, ciertamente, estaba agotada y hambrienta.

Aunque, a decir verdad, ya estaba acostumbrada a esa sensación.

Pero ahora, de repente, había alguien esperándola para traerle comida en cuanto terminara su trabajo. Esa sensación era tan cálida como la luz del sol acariciando su corazón.

—Gracias —dijo, tomando el termo.

Fabián observó el cansancio en los ojos de la joven y sintió aún más ternura. Su voz se suavizó inconscientemente.

—Está a la temperatura perfecta. Bébetelo, hay más comida en el carro.

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