Entrar Via

Los Secretos de la Hija Recuperada romance Capítulo 226

—Ven, a ver si te gusta todo esto.

Fabián sentó a Almendra en una pequeña mesa de comedor y fue presentando ante ella, uno por uno, los platillos que se habían mantenido calientes.

Almendra miró los exquisitos manjares que tenía delante, y el hambre se apoderó de ella.

Había foie gras francés de primera calidad sellado a la plancha, sopa de abulón con trufa negra, aleta de tiburón picante, filete de res a la pimienta negra, arroz con erizo de mar en caldo dorado, y de postre, mousse de chocolate, tiramisú, una bandeja de frutas, bebidas infusionadas y leche.

Era una cena de absoluto lujo.

—Come mientras está caliente.

Fabián tomó un cucharón y le sirvió un tazón de sopa de abulón bien caliente.

Almendra lo miró.

—Tú también come.

Dicho esto, tomó los cubiertos, cortó la mitad del filete, lo puso en otro plato y lo colocó frente a Fabián.

Fabián sonrió.

—De acuerdo.

En realidad, él tampoco había cenado. Había estado esperando a la joven hasta ese momento. Almendra se dio cuenta de eso, por eso lo invitó a comer con ella.

Sin embargo, Fabián, a pesar de ser un hombre corpulento, comió menos que Almendra.

Almendra realmente tenía hambre. Se sentó frente a Fabián y comió con naturalidad, sin la afectación o los remilgos de otras señoritas de sociedad.

La fría mirada de Fabián se había derretido por completo ante Almendra. Verla disfrutar de la comida con tanto apetito le producía una felicidad y una satisfacción mayores que ganar miles de millones.

Almendra levantaba la vista de vez en cuando para mirar a Fabián, pensando que su rostro era de una belleza tan sobrecogedora que parecía una obra de arte esculpida por los dioses, capaz de robar el corazón de miles de chicas en un instante.

—¿Estás satisfecha? —preguntó Fabián con una mirada tierna cuando vio que Almendra dejaba los cubiertos.

Almendra sonrió.

—Estoy más que satisfecha, casi reviento. Tú apenas comiste.

Prácticamente toda la mesa de delicias había terminado en su estómago.

—No tengo hambre.

—Gracias por la cena.

—Esto es lo que haría un buen prometido.

Almendra sintió que la mirada de Fabián ardía como el fuego, lo que la hizo sentir un poco incómoda.

—Ejem, bueno, ya me voy. Tú también deberías irte a descansar.

Capítulo 226 1

Verify captcha to read the content.VERIFYCAPTCHA_LABEL

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Los Secretos de la Hija Recuperada