Al oír esto, Mario ordenó a su gente que se moviera de inmediato.
Kevin sentía una admiración increíble por Almendra. Cada vez que A entraba en acción, la eficiencia de sus investigaciones se disparaba como un cohete, encontrando al sospechoso en un abrir y cerrar de ojos.
La sensación era como estar en una serie de televisión.
—Alme, te vamos a tener que molestar para que nos acompañes una vez más. ¡Ese viejo zorro de Matías es demasiado escurridizo! —dijo Mario, indignado.
Matías ya tenía preparada su ruta de escape. Sus antiguos números de celular estaban fuera de servicio, y nadie podía contactar a su familia. Era como si se lo hubiera tragado la tierra.
Fue Almendra quien, a una velocidad increíble, rastreó el último lugar donde Matías había estado y siguió sus pasos hasta descubrir que probablemente se escondía cerca del aeropuerto.
—Claro, haré mi mejor esfuerzo.
***
Por otro lado, después de colgar, Thiago se quedó pensando un buen rato. Sentía que algo no cuadraba.
Conocía bien a Ignacio, su mano derecha. Antes, sin importar cuán difícil fuera la persona, siempre encontraba la manera de resolverlo. Pero hoy, lidiando con una simple chamaca, se veía en apuros y hasta le pedía que regresara.
Eso nunca había pasado.
«¿Será que esa muchacha tiene algo especial?»
No debería ser. Su hermana le había dicho claramente que era una escuincla sin influencias. ¿Cómo podía ser tan dura de roer?
Algo no estaba bien.
Nada de esto tenía sentido.
Al pensar en esto, se incorporó de golpe en el sofá. Dos chicas con orejas de conejo, que solo llevaban unas pantaletas, se le acercaron de inmediato, una a cada lado, y le susurraron con voz melosa: —¿Qué pasa, subdirector Salguero?
En cualquier otro momento, Thiago las habría abrazado con fuerza para jugar un rato, pero en ese instante, no estaba de humor.
—¡Quítense!
Las apartó con fastidio y se levantó para vestirse.
—¿Ustedes… ustedes son del Sector 1? —tartamudeó, tan sorprendido que las manos con las que sostenía la toalla casi se le paralizaron.
«¿Qué está pasando? ¿Cómo es que la gente del Sector 1 llegó hasta aquí?»
—¡Así es! ¡Camarada Thiago, por favor, acompáñenos!
Las piernas de Thiago flaquearon, casi no podía mantenerse en pie.
—Oigan, hermanos, ¿qué está pasando? Yo… yo solo vine a relajarme un poco porque estaba muy cansado, no hice nada más. Somos del mismo gremio, échenme la mano, sean flexibles.
El líder del grupo era Adrián, un agente de élite.
Miró a Thiago, que le sonreía zalameramente, y solo dijo una cosa: —¿Tú por qué crees que llegamos tan rápido hasta aquí?
La expresión de Thiago se congeló.
—¿Fue Ignacio? ¿Me traicionó? —Su rostro reflejaba una incredulidad total. Él siempre había tratado bien a Ignacio. ¿Por qué ese desgraciado lo traicionaría?

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