«¿Acaso Ignacio quiere quitarme el puesto?»
Antes de que pudiera entenderlo, Adrián habló con frialdad: —Nosotros le ordenamos que te llamara. subdirector Salguero, el caso de tu sobrina ahora lo lleva el Sector 1.
¡Thiago no daba crédito!
¿Habían venido por el caso de Beatriz?
¿Pero cómo se habían enterado?
«¿Será que esa muchacha no es tan simple como parece?»
¡De otro modo, cómo habrían involucrado al Sector 1!
—Oye, hermano, no, lo de mi sobrina fue todo un malentendido.
—No tiene caso que digas más. Lo que tengas que decir, dilo en la delegación.
—No, hermano, escúchame, hermano…
Thiago forcejeó, pero aun así le pusieron las esposas.
—¡Soy inocente! ¡Se equivocaron de persona! ¡Alguien quiere tenderme una trampa, alguien quiere sacarme del puesto! ¡Me están incriminando!
Mientras Thiago gritaba, las dos bailarinas, ya vestidas, también fueron subidas a una patrulla. Y el Club El Pavo Real fue clausurado para su investigación.
¿A quién más iban a clausurar si no a ellos, que se dedicaban a esos negocios ilegales?
La situación desató el pánico.
La multitud de curiosos que se había congregado no paraba de cuchichear, especulando sobre qué evento tan importante estaba ocurriendo.
—¡Ya era hora de que cerraran este lugar! Puros negocios sucios todo el día. A mi esposo lo pesqué aquí dos veces, ¡Por fin lo clausuraron!
La llamada fue contestada rápidamente. Con voz grave, dijo: —Te aviso que tu hermano está en problemas. ¡A partir de ahora, no quiero que tengas ningún contacto con la familia Salguero!
Este hombre era Franco Arteaga, el esposo de Erika.
Él también había estado en el club. Al ver llegar las patrullas, tuvo la astucia de escabullirse por la puerta trasera.
Como era de esperar, poco después, vio a su cuñado siendo esposado y subido a una patrulla.
Erika todavía esperaba las buenas noticias de Thiago. Nunca imaginó que, en lugar de la llamada de su hermano, recibiría una de su esposo, que no había vuelto a casa en mucho tiempo.
Al principio, se llenó de alegría, pensando que su esposo se había acordado de su hogar. Pero no, en cuanto contestó, recibió la noticia de que su hermano estaba en problemas.
No podía creerlo. —¿Cómo que es posible, esposo? Acabo de hablar con Thiago, ¿cómo pudo meterse en problemas?
Franco le gritó, furioso: —¡Lo vi con mis propios ojos, se lo llevaban en una patrulla! ¡Y te lo advierto! Si la policía viene a buscarte, di que no sabes nada de nada. ¡Si por tu culpa salpicas a la familia Arteaga, te pido el divorcio de inmediato!

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Los Secretos de la Hija Recuperada