Nunca olvidaría esa escena. Todos los soldados lo rodeaban, llorando y gritándole que resistiera, que no podían perderlo.
Ella se apresuró a examinarlo y, al ver que aún respiraba débilmente, ordenó a los soldados que improvisaran una mesa de operaciones para atenderlo de emergencia.
Tenía un clavo de acero incrustado en la nuca, lo que en ese momento preocupó enormemente a Almendra, temiendo que un movimiento en falso pudiera costarle la vida.
Gracias a una píldora milagrosa que llevaba consigo, pudo mantenerlo con vida el tiempo suficiente para que un helicóptero lo trasladara a un hospital, donde lo operaron y, a duras penas, le salvaron la vida.
Debido a la gravedad de sus heridas, no podía ser transportado a larga distancia, así que tuvo que quedarse en un hospital del sudeste asiático para recuperarse. Almendra, por su parte, tenía otras misiones que cumplir y tuvo que marcharse.
Más tarde, Almendra regresó a su país. Solo supo que el Comandante 001 había sobrevivido, pero que probablemente le sería difícil volver a participar en misiones. En ese momento, sintió lástima por él. Nunca imaginó que esa persona era Fabián. Con razón había estado buscando a El Santo; seguramente era porque las heridas de hace tres años nunca habían sanado por completo.
—¿Ya te acuerdas de mí?
Al ver que Almendra no dejaba de mirarlo, Fabián no pudo evitar preguntar.
Almendra volvió en sí, se apartó de Fabián y dio dos pasos hacia atrás para observarlo de arriba abajo.
—Te has recuperado mejor de lo que imaginaba.
Fabián se acercó a ella, con una mirada profunda y un tono de voz tierno.
—Si no fuera por ti, probablemente habría muerto en tierra extraña hace mucho tiempo.
En aquel entonces, sus ojos habían sido quemados por la pólvora y tenía un clavo de acero incrustado en la nuca. Honestamente, antes de perder el conocimiento, él mismo pensó que iba a morir.
Más tarde, sus compañeros le dijeron que A lo había salvado. Quiso buscarla para agradecerle, pero no había forma de encontrarla.
Después de esa misión, fue como si A hubiera desaparecido del mundo.
Aunque lamentaba no poder agradecerle a A por salvarle la vida, también se alegraba. Si A se mantenía oculta, sus enemigos no podrían encontrarla.
Pero jamás imaginó que la chica que tenía delante era A.
¿Sería esto el destino?
—¿Ese no es Fabián? ¿Qué hace aquí? ¿Y a quién está abrazando?
Hoy lo había visto en el aeropuerto, pero con tanta gente y el caos, no se habían cruzado.
Pero, ¿qué hora era ya? ¿Y este tipo estaba abrazando a una chica frente a su casa?
—Papá, mamá, esa chica no es Betina, ¿verdad? —preguntó, frunciendo aún más el ceño.
Gilberto no podía ver el rostro de Almendra, pero por su figura y estilo de vestir, definitivamente no era Betina.
—Gilberto —se apresuró a explicarle Frida—, esa no es Betina, es tu hermana, Alme.
Gilberto se quedó de una pieza.
—Cuando estaba embarazada de tu hermana, la comprometimos con la familia Ortega —continuó Frida—. Ahora que tu hermana ha vuelto, es natural que el compromiso recaiga en ella. Además, a Fabián no le gusta Betina, solo le gusta tu hermana. Ahora, nuestras dos familias están de acuerdo en que ellos son pareja.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Los Secretos de la Hija Recuperada