Almendra no esperaba que Esteban le pidiera directamente que fuera a tratar a su nieto mayor. Hizo una pausa y, en ese instante, Betina se adelantó:
—Señor Esteban, es cierto que mi hermana es muy buena con la acupuntura, pero la herida de Fabián podría ser…
—Claro, iré a verlo en cuanto tenga tiempo.
Mientras Betina titubeaba, tratando de insinuar algo, Almendra ya había aceptado.
—¡Fantástico! —exclamó Esteban, encantado—. ¿Entonces, tenemos un trato?
—Sí.
Al ver esto, Betina entrelazó las manos con fuerza, con una expresión de profunda desolación.
¿Qué pretendía el señor Esteban?
¿La estaba ignorando a propósito solo porque no era la nieta biológica?
¡A Fabián le gustaba ella! ¡Ella era la prometida de Fabián!
A Esteban no le importaba en absoluto lo que pensara Betina. Feliz de que Almendra hubiera aceptado ver a Fabián, le hizo una seña al mayordomo que lo acompañaba para que trajera el regalo de bienvenida que le había preparado.
—Almendra, muchacha, este viejo no sabe qué les gusta a las jóvenes, pero esto… fue lo que le di a tu abuela Mariana para pedirle matrimonio. Era su tesoro más preciado. Ahora te lo doy a ti, espero que no te parezca poca cosa.
Dicho esto, Esteban le tendió una caja de sándalo labrada, de un color rojo oscuro y aspecto antiguo.
Antes de que Almendra pudiera responder, Frida intervino:
—Señor, ¿cómo puede darle a Almendra un regalo tan valioso en su primer encuentro? Ella no puede aceptarlo.
Frida conocía el valor de ese regalo, al igual que toda la alta sociedad de La Concordia.
La madre de Esteban era descendiente de la realeza y una mujer de gran alcurnia. Cuando Esteban se casó, le regaló a su nuera su joya más preciada, un juego de esmeraldas que se convirtió en la reliquia familiar de los Ortega, pasando de esposa a esposa.
La negativa de Almendra fue directa.
Betina, que no esperaba que Almendra lo rechazara tan rotundamente, sintió una punzada de alegría.
Pero, para su sorpresa, Esteban insistió:
—Almendra, muchacha, los hombres deben casarse y las mujeres también. Si no quieres casarte ahora, no hay problema, puedes hacerlo en un par de años. El compromiso se hizo cuando tu madre estaba embarazada de ti. Hemos esperado dieciocho años, podemos esperar un par más. Además, mis tres nietos están a tu disposición. Elige al que más te guste. ¡Y que se atreva alguno a decir que no! ¡Le doy una paliza!
¿Tres a elegir? Almendra se quedó perpleja.
Todos los presentes también estaban atónitos.
¿Tres a elegir?
¿Acaso era una princesa escogiendo a su príncipe consorte?

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