Almendra sabía lo delicada que era la identidad de Fabián. A juzgar por la reacción de la gente de Los Serpientes, ya se habían dado cuenta de quién era.
Aunque no pudieran enfrentarse a él directamente, era fácil esquivar una lanza a la vista, pero difícil defenderse de una flecha oculta. A pesar de que Fabián ya se había retirado del servicio, a los ojos de esa gente, seguía siendo su enemigo.
Fuera como fuera, él debía quedarse en Cerro La Corona de Plumas.
—No, no me siento tranquilo si vas sola —insistió Fabián con terquedad.
—Tranquilo —respondió Almendra—. Voy para salvarles la vida, no se atreverán a hacerme nada.
—Iré contigo —insistió Fabián de nuevo.
Almendra no tuvo más remedio que suavizar su voz.
—Sé que te preocupas por mí, pero si vas, la situación se complicará aún más. Solo voy a ver el estado de su señora y luego regresaré para desarrollar el antídoto, no me llevará mucho tiempo.
—Tú ve subiendo a la montaña con tu gente para checar el Musgo Esmeralda. Cuando vuelva, lo arrancaremos y prepararemos la medicina juntos.
Fabián estaba a punto de decir algo más, pero Almendra añadió:
—Pórtate bien, o me voy a enojar.
Al ver que Almendra realmente no quería que fuera, Fabián tuvo que ceder.
—Dejaré que Claudio te acompañe, y que lleve a varios hombres.
Almendra asintió.
—De acuerdo.
Cicatriz, sin embargo, comenzó a dudar.
—Señorita, usted… ¿sabe de medicina? ¿Puede curar a nuestra señora?
«¿No estarán tramando algo para investigar los secretos de Los Serpientes?»
Almendra miró a Cicatriz con una sonrisa juguetona.
—¿Qué? ¿Te dio miedo?
Cicatriz soltó una risa nerviosa.
—Es que me da miedo que no puedas curar a nuestra señora. Si el jefe se enoja, no podré asumir la responsabilidad.
—Yo me atrevo a curarla, ¿tú te atreves a llevarme?
—¿Usted… usted sola?
—No lo voy a llevar a él, solo a algunos que me ayuden. ¿Y todavía tienen miedo? ¿No se supone que Los Serpientes son la pandilla número uno? ¿O es que ya les dio miedo?
***
La Zona Cero era una región con una gran diversidad étnica. Al caminar por el pueblo, se podían ver edificios de diversos estilos.
La mayoría seguía tres tendencias principales: el estilo barroco, el estilo étnico local y el estilo moderno.
Y el edificio principal de Los Serpientes adoptaba la estructura de madera local, con un techo inclinado y ventanas estrechas y alargadas, como un par de ojos vigilantes incrustados en los gruesos muros.
Antes de entrar por la puerta principal, Cicatriz sacó un paño negro y miró a Almendra.
—Señorita, es una regla de Los Serpientes. Quienes no son de la pandilla deben vendarse los ojos al entrar. Es por su propio bien.
Almendra resopló con frialdad.
—Me invitaron a ver a su señora. ¿Cómo se supone que la revise con los ojos vendados?
—Cuando lleguemos a la residencia de la señora, le quitaremos la venda.
—Mis reglas son: si confían en mí, la trato; si no, no. Si no me invitaron de buena fe, me llevaré a mi gente y me iré. Busquen a alguien más competente —dijo Almendra con una postura erguida y un aura imponente, y se dispuso a darse la vuelta y marcharse.
Al ver esto, Cicatriz se puso nervioso al instante.
—¡Señorita, espere!

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